Me ganaré algunos Haters…

Bueno, eso siempre y cuando lleguen a leer esto por casualidad…

Hace algunos minutos, bueno casi dos horas, me enteré de la muerte de Steve Jobs, el ex CEO de Apple y creador de diversos aparatos tecnológicos que contribuyeron a bla bla bla…

No sirvo para explicar esas mamadas, pues si algo a lo que soy reacio es a la tecnología. Esta vive siempre en mi contra y es raro que yo me ponga a hablar de un tema que desconozco por completo.

Pues bien, dedico este post a la muerte de este señor porque para muchos es una pérdida irreparable. Lo que me lleva a pensar : ¿Acaso soy inhumano o despreciable por no sentir pena por el fallecimiento de semejante genio?

Para muchos quizás sí, pero para mí déjenme decirles por qué razón no siento nada.

Para empezar, nunca tuve ningún dispositivo de la marca Apple y creo que quizá tampoco tendré.  Y no es porque no quiera, es porque realmente es una tecnología inalcanzable para mi bolsillo.

Además muchas personas que conozco, a excepción de algunos amigos,  tienen tecnología de Apple y se vuelven mamonsísimos. Steve Jobs contribuyó a que mucha gente se volviera petulante, consumista y discriminatoria.

Ojo, no tengo nada contra la marca y podrán decir que soy un envidioso porque no tengo mi Imac o mi IPhone, ni mucho menos un Ipod. Es sólo que no entiendo cómo es que muchos se desviven por la marca en particular. He conocido personas que tienen todos los aparatos y están al pendiente de lo nuevo que saldrá para correr a comprarlo. ¿Acaso Apple me hará mejor persona si tengo todos sus productos? ¿Voy a ser más inteligente?, ¿más guapo? ¿Mi desempeño sexual será mejor?

Si alguien tiene las respuestas, por favor explíquenme, mientras tanto, siento decirles que la muerte que de verdad me dolió, fue la de Capulina, porque al menos él le aportó algo interesante a mi infancia y me brindó momentos de buen humor, y ni siquiera tuve que pagar. Sólo me senté frente al televisor y disfruté cada momento y cada broma del buen rey del humorismo blanco.

Steve Jobs, no me queda más que desearte: Que Dios te tenga a fuego lento.

He dicho.

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