Soy

Soy ejemplo de intolerancia

un desastre natural

un accidente esperando a ocurrir.

un claro ejemplo de informalidad

Soy el recuerdo de una sonrisa fingida

nuestro primer orgasmo al mismo tiempo

una mancha oscura en tu corazón.

Soy esa grieta en tu memoria

el 6.5 irregular en tu boleta perfecta.

Soy quien sueña con tu mirada

con besar tus labios

y vencer a la secta a la que perteneces.

Soy tu primera vez

el imbécil que te rechazó

quien fecundó tu vientre en un intento fallido de paternidad.

Soy quien besaba tu cuello y tus senos en la sala de tus padres

quien se metió a escondidas a tu casa

para hacerte el amor después de bañarte.

Soy el que te arrebató un beso en su oficina

el que te hizo llorar más de tres veces

el que te abandonó por otro cuerpo

Soy quien besó tus tatuajes después de embriagarte

quien sueña con una cita contigo

con tomarte de la mano en señal de victoria.

Soy fanático de tus ojos

amante de la carne (piel) blanca

e intento fallido de activista

Soy un dolor de espalda recurrente

la sonrisa que te gusta

la mirada de odio que detestas

Soy al que saludas con desgano

a quien reemplazas o desplazas

con quien desahogas tus enojos.

Soy quien te mira con buenos ojos

que te busca como su Melpómene

que tolera tu intolerancia a los lunes

Soy todos tus yo

Soy todo de ti

Soy simplemente, y para tu mala suerte: Yo.

 

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Me gusta ser portero…

“Cómo vas a saber lo que es la soledad si jamás te paraste bajo los tres palos a 12 pasos de uno que te quería fusilar y terminar con tus esperanzas”…

Poema al Futbol

Siempre creí que ese jugador era cachirul.  Destacaba por su estatura entre todos, y por supuesto era el líder goleador de la liga. Aquella soleada mañana en los campos terregosos de “La Maquinita”, se paró frente a mí  con toda la disposición del mundo y cobró con potencia. Juro que me hice a un lado. Doble las manos y levanté la pierna. Como esa mítica imagen de los argentinos que se arrugan ante un tiro libre de Roberto Carlos. Precisamente el movimiento que hace Batistuta, lo hice yo. El balón, me pasó a dos centímetros de la cintura. Era completamente atajable

Recuerdo los gritos de coraje de mi entrenador. Yo ya estaba harto de ser portero.

Ser el portero de una liga infantil puede ser lo peor que le puede pasar a un niño. Más a uno que no tiene ni puta idea de lo que quiere. No era el mejor, pero era de lo menos peor. Y sabía que si me daban oportunidad de nueve, lograría lo que mis compañeros de equipo delanteros no podían hacer. Teníamos una defensa terrible, tanto que la mayoría de los goles que recibí, siempre fueron producto de mano a mano perdidos.

Los reclamos de mis compañeros eran, “no salgas, espéralo y que la falle”, pero nunca fui de los que esperan. Gané más de lo que perdí. Siempre fui de los porteros que achican. Y me gustaba hacer el famoso “Cristo”, aunque la mayoría de las veces con resultados negativos.

Uno de los momentos que hoy me avergüenza fue cuando le di una patada a un compañero. Se dejaron venir contra mí en reclamo y mi frustración fue defenderme a patadas. Aún recuerdo su cara de dolor y las lágrimas que derramó. Fue de los que menos me había reclamado…

En la primaria recuerdo que uno de los primeros partidos de futbol en mi vida que observé fue del Atlante. Héctor Miguel Zelada defendía la portería, y luego hacía un comercial de cuadernos “Scribe” en el que se lanzaba y atrapaba una libreta, mientras un niño gritaba con admiración “Zeladaaaa”. me gustaba ese comercial y ese era el portero del equipo que me había cautivado.

Mi hermana se burlaba de mí y decía “Se lavaaaa, la ropa” y me hacía enojar. No debería insultar a mi héroe.  Luego el Atlante descendió a la segunda y les perdí la pista completamente. Durante un año no vi más futbol o apoyaba al equipo al que le fueran mis familiares.

Por aquellos años yo me consolidaba en la portería del Colmex blanco. éramos la versión débil. la que nunca ganaba nada, y a pesar de que yo merecía una oportunidad para jugar con el Colmex verde (los bueno y que lo ganaban todo) nunca se me brindó. No sé si porque no tenía la edad o el talento suficiente, o porque no querían terminar de dejar indefenso al blanco. Yo en mi posición ególatra quiero pensar que fue esta segunda opción, pero nunca lo sabré.

Llegué a la portería del Colmex blanco por accidente. Una tarde en la que fui a comer a casa de Paul y Eliezer su madre me llevó al entrenamiento de Paul. La mujer que recuerdo porque lleva el mismo nombre que mi abuela, Flora. Nos recogía del colegio por las tardes. En aquel tiempo mi padre conocía al suyo porque trabajaban donde mismo y como éramos casi vecinos. Nuestros padres se turnaban para bien llevarnos a todos al colegio o para recogernos. Yo estaba en segundo grado y Paúl en tercero y como mi madre no fue por mí a recogerme temprano, Flora optó por llevarme a ver a su hijo entrenar.

Ya allí me integré con ellos al entrenamiento. Yo sin idea de cómo jugar al futbol sólo perseguía la pelota y la pateaba, nunca dejé que se acercará a mi área, por lo que adquirí inmediatamente una excelente reputación como defensa. Esa tarde fui una pesadilla para el mejor jugador de los verdes. El mítico “Regis” . Regis se quedó con las ganas de anotar esa tarde, pues le habían puesto un muro impenetrable frente a él y las pocas veces que intentó pasarme se quedó con las ganas.

Al día siguiente los compañeros de tercer año decían, “él es bueno, se burla a Regis”. Nunca supe qué significaba, pero algo me decía que yo encajaba en el sistema y que mi oportunidad para integrarme al equipo de futbol era verdadera.

Empecé a ir a los entrenamientos y en una ocasión en que faltó el portero, empezamos a jugar así sin guardameta. A nadie le gustaba la posición, por lo que enfrenté el reto. Ya había visto la función de los arqueros en la tele. Sabía qué hacer. Una de las primeras pelotas vino hacía mi meta y sin dudarlo me lancé para atajarla. Qué importaba la tierra y los raspones. Mi meta no sería perforada.

Aquella tarde me gradué como portero y mi entrenador me dijo orgulloso:”El sábado vas a la portería, dile a tu papá que te compré unas rodilleras para que te protejas”. Aquella tarde-noche en el Centro de la ciudad. Mi padre y yo recorrimos las tiendas deportivas hasta encontrar mi atuendo. Una rodilleras negras, además de unas coderas y unos guantes verdes con negro. Recuerdo el grito en el cielo de mi madre. Habíamos quedado en que sólo eran las rodilleras.

Durante la temporada en que jugué como portero implementé un estilo nuevo. Era raro ver a un portero que se lanzara y sobre todo que no tuviera miedo a ensuciarse el uniforme.  Además que como ya lo mencioné más arriba, me gustaba enfrentar a los delanteros, odiaba quedarme estático y odiaba que la acción se desarrollara al otro lado de mi área. Me aburrría terriblemente sin acción.

En aquellos tiempos, el profesor de educación Física, un peruano de nombre Julio Villanueva, tenía un programa deportivo en la televisión local, y en ocasiones acudía a nuestros partidos con las cámaras para mostrar los resultados en la televisión. Como nuestro equipo nunca ganaba, tuvo la suerte de acudir a un partido en el que dimos la sorpresa. Paúl, quien era el delantero más huevón que jamás se haya visto en la historia (nunca corría, se la pasaba caminando en el campo y apenas si tocaba el balón) aquella tarde metió dos goles para sorpresa de hasta él mismo. Y yo detuve un penal.

Nunca vi las imágenes, y tampoco vi nunca las cámaras. Unos días después mis compañeros me felicitaban y me decían que era famoso porque había salido en la tele. Recuerdo que esa vez sintonicé tarde el programa y apenas alcancé a ver en la imagen el segundo gol de Paúl. Nuestra victoria había sido un suceso relevante en las noticias locales.

Los niños suelen ser demasiado crueles, y como yo era el que recibía los goles. mis compañeros de equipo optaban por culparme a mí, por lo que empecé a rebelarme  y los siguientes partidos dejé de llevar el uniforme y los guantes. quería jugar otra posición menos ingrata y por más que pedí oportunidad, nunca me la brindaron. En una ocasión, recuerdo que a mi tío Ulises, (el hermano menor de mi mamá que en esa época vivía con nosotros, porque estudiaba en el Tecnológico) lo hicieron quitarse su playera para que me la prestara y me fuera a defender el arco.  Todavía tengo su imagen grabada en mi mente. En la portería contraria, él recargado en el poste con los brazos cruzados y mi camiseta de juego sobre los hombros para cubrirse de los inclementes rayos de sol. Aún así sonreía. Nunca le agradecí por ese detalle. Estoy en deuda con él. Viajó el trayecto de regreso a casa sin camiseta, pues la misma quedó inservible.

 Luego del futbol intenté con otros deportes, pero no recuerdo ninguno que me llenara. Ya muchos años después con equipos de futbol rápido volvía probar la portería. Nunca fui de buenos reflejos, ni fui atlético, pero siempre tuve el valor para partírmela si era necesario. Hoy en día las rodillas me lo reclaman muy seguido y se encargan de cobrarme factura.

Alguna vez fui convocado a un partido de estrellas, pero tampoco acudí porque algún compromiso se me atravesó. En la escuela de Letras probé pocas veces la portería porque ya estaba allí el buen Ramiro Rivera, que la defendía con tanta o más pasión que yo. Además de que yo ocupaba al fin la posición de nueve que tanto quise.

Ahora es que saben mi admiración por Federico Vilar, mi jugador y héroe personal, además del inmenso cariño que siento por otro portero importante del Atlante, Félix Fernández, quien le devolvió la categoría al equipo para volver a primera y a mí en lo personal porque me puso de nuevo en el mapa a aquel equipo con una playera de hermosos colores que me cautivó en la televisión.

Félix, además es un excelente narrador y podría decirse que es mi inspiración personal. Portero y escritor, qué más le puedo pedir. recomiendo su libro Guantes Blancos…

Vilar también escribió un libro, pero en lo personal, él debe seguir dedicándose a la portería…Es lo que hace mejor.

Hoy en día ya no juego futbol. La pesima condición física y la falta de equipo me lo impiden, además de que casi todos los equipos que he probado últimamente están plagados de estrellitas que no sueltan la bola, y yo si no es futbol asociación, prefiero no practicarlo.

Aún así me muero de las ganas de volver a pararme bajo el arco y arrancar un grito de emoción de mis compañeros al verme atajar un balón en un mano a mano, y sentir de nuevo esa sensación de hastío porque el balón está lejos de mi área…

 

Se fue un grande…

Hoy pasó a mejor vida uno de mis favoritos.

Maurice Sendak abandonó este mundo terrenal  a la edad de 83 años. Para ser sinceros, no conozco completa la obra de Sendak, pero el simple hecho de haber conocido Where the wild things are, me ha convertido en su fan.

Tanto que siempre he querido tatuarme a Carol y aún no desisto de la idea, por lo que tendré contemplado en mi próxima raya.

Por lo pronto sólo nos queda resignarnos y decirle no adiós, sino hasta pronto 😥

La Maldición de los Peleus (PLU’s)…

Se preguntará usted apreciable

lector, qué carajos es un PLU y por qué están malditos?

Como les comenté hace un poco más de  una semana estoy laborando de nuevo. Mi función es la de Operador de Servicios. Así lo llaman ellos. No soy un simple cajero, porque supuestamente tengo más funciones que un cajero normal.

Bueno, para no desviarnos mucho del tema y ponerlos en contexto, PLU no es más que las siglas de las palabras Price Look Up, qué significa esto?, no tengo la más mínima idea, pero son los códigos con los que se registra los productos en su mayoría perecederos.

Si usted ha ido a una tienda de autoservicio, habrá notado que los cajeros al pesar la fruta o las verduras, teclean un código para identificarlos. Pues bien esos numeritos tediosos, son la razón por la que no he podido ejercer mi función como Operador de Servicio.

Desde el primer día se me entregó una hojita con los 40 productos principales para que me los memorizara y así poder presentar un examen y demostrar que estoy preparado para estar detrás de una caja.

Como éste su servidor, es de lento aprendizaje, de mala memoria y de pésima retención, apenas si he logrado memorizarme unos siete códigos, y eso es porque son números que asocio con claves conocidas.

El caso es que los compañeros ya empiezan a verme con malos ojos y se preguntan si gozo de algunos privilegios para no cobrar, pero yo no soy el que pone las reglas, y según el nuevo sistema faltan muchos requisitos burocráticos para que se me entregue mi tin till (la madre esa donde van los billetes y las monedas.

Ayer me comentaron que supuestamente ya metieron la solicitud para que se me entregue y mandaron los resultados de mis exámenes, pues toda la semana me la he pasado de corre ve y dile, acomodando mercancía y haciendo labores de limpieza. en parte yo también ya deseo que me pongan a cobrar, pero si no agarro práctica, pues menos me voy a aprender esas madres.

Es como el dicho ese que dice: “No me dan trabajo porque no tengo experiencia y no tengo experiencia porque no me quieren dar trabajo”.

En fin, espero que ya esta semana me pongan ahora sí a trabajar de verdad, porque en realidad sí ha sido una chinga andar todo el día caminando por toda la tienda repartiendo devoluciones.

Por lo pronto me sigo haciendo pendejo con la lista esa porque por más que quiero aprendérmelas, nomás no se me hace.

Gracias por leer.

Ah se me olvidaba, a todos aquellos que trabajan, feliz día del trabajador, lo vamos a festejar como debe de ser… Trabajando 🙂 aunque eso signifique andar por toda la tienda toda la tarde… otra vez.

 

Mi primer obstáculo…

Usted dirá apreciable lector… Bueno y éste cabrón cuándo piensa aplicarse? Es su primer día y ya tuvo broncas.
Pues sí. Resulta que cuando firmé mi credencial de elector, no la firmé como habitualmente lo hago. Entonces no puedo firmar mi contrato hasta que practique lo suficiente y logre que la rúbrica sea exactamente igual a la credencial del IFE.
Así que me tuvieron alrededor de una hora practicando y por más que lo intenté, nomás no me salió.
La imagen que usted ve a continuación, es mi segunda hoja por ambos lados.
Sí, me da chingos de risa y en el momento también fue gracioso. Pero el problema será cuando quiera cobrar mis recibos de nomina.
Así que me dejaron de tarea seguir practicando, hasta que la perfeccione.
Mañana entro más temprano, así que lo de la practicada quedará pendiente, porque no pienso ponerme a firmar hojas en blanco en lo que me resta de la tarde. Tengo mucho por leer, además me dieron un manual que tengo que aprenderme.
A ver qué tal me va mañana.
Gracias por leer

Publicado con WordPress para BlackBerry.

Se me acabaron las vacaciones…

Mañana empiezo una nueva vida.

Un nuevo ciclo

me reintegro al sistema.

Sé que me contradigo como siempre, pero era un propósito que me hice de año nuevo.

Mañana empiezo.

creo que de nuevo este blog se convertirá en espacio de quejas.

pero no me quedaba de otra.

Hay que pagar las deudas y por supuesto hay que conseguir plata para continuar el sueño.

vuelvo a ser parte del engranaje.

soy otra pieza del rompecabezas.

vuelvo al mundo laboral.

a ser un número de seguridad social

a regalar el dinero que gane a través de impuestos.

No espero gran cosa

sólo quiero que me dejen trabajar en paz.

Prometo no molestar a nadie.

disfruto de mis últimas horas de libertad.

mañana vuelvo a la esclavitud…

1UP

Ya lo dije, que estoy enajenado con mi último descubrimiento musical… Los Caligaris

Y en ellos encontré una canción muy particular que me trae bellos recuerdos y una anécdota que nunca voy a olvidar pase lo que pase.

Hace algunos años, (cuando era feliz y tenía una relación) mi novia desempolvó el viejo sistema de entretenimiento Nintendo, sí la caja esa gris que tenía cartuchos cuadrados a los que había que soplarles. El Nintendo ya era considerado una reliquia, pero ante nuestra aburrición de no poder salir porque nos vigilaba su madre, optamos por matar el tiempo conectando el aparato, que para nuestra sorpresa y grado aún funcionaba.

Cerca de su casa había varios bazares donde se podían encontrar cartuchos de Super nintendo y de nintendo, a módicos precios. Considerando que comprar un cartucho era más barato que ir al cine, no lo dudamos dos veces. Una de las primeras adquisiciones fue el Super Mario Bros 3, que a mi opinión personal fue el mejor juego de todos los tiempos para dicha consola.

Luego de varios días de ponernos en contexto, recuerdo con particularidad una escena que nos daba un dolor de cabeza tremendo a los dos. El nivel 6, el del mundo de hielo.  Había un punto en particular en el que había una vida escondida y cada que intentaba  alcanzarla, la superficie resbaladiza me hacía perder el control y terminaba por perder.

Ella, harta de que perdiera las vidas que entre los dos habíamos conseguido a través de todos los niveles, lanzó un grito de desesperación:

¡”NO TE VAYAS DE TONTO POR LA VIDA”!..

Lo que nos hizo a los dos estallar de risa inmediatamente, pues la reclamación sonó como el grito de preocupación de una madre a su hijo que va por el mal camino. Algunos años después, la última vez que la vi, le pregunté si aún conservaba el nintendo y el juego, y su reacción fue inmediata y me dijo “No te vayas de tonto por la vida”,  Por lo que nos volvimos a reír otro rato. Lo curioso del caso, es que al parecer jamás entendí  y nunca enderecé mi rumbo.

Hace poco escuché la siguiente canción y me acorde de ella y de ese detalle, además de que siempre que veo la imagen de arriba recuerdo que siempre me he ido de tonto por la vida.

Que disfruten 🙂