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Posts Tagged ‘Sin Llorar’

No te abandono…

11 junio, 2012 1 comentario

Ofrezco disculpas a este espacio y a sus dos lectores por no mantenerlo actualizado.

Mi vida dio un cambio radical y estoy más ocupado que nunca. Afortunadamente tengo mucho trabajo y mi vida está realmente ocupada.  Sólo por actualizar. Ya me tatué de nuevo. Compre una cámara nueva y estoy empezando una relación nueva. ¡Todo en un mismo día!

Ya después contaré con más detalle todo lo que me acontece.

Y cuando tenga algo realmente interesante que postear, también lo compartiré.

Por lo pronto les comunico que me uní al Boicot contra la Euro 2012 por la sádica eliminación masiva de perros callejero por el gobierno ucraniano.

Cualquier ser vivo vale más que un partido de Futbol.

Gracias por asomarse por acá y que tengan un excelente inicio de semana.

Vida…

Esta es la canción que más me gustó del Licenciado Cantinas…

Yo delinquir, eso jamás, mejor morir….

Hoy me recordaron…

Que tengo esa sensible neurona que está a punto de mandarlo todo a la mierda.

Hoy tuve a a una de las peores clientes del mundo. Y por instantes estuve tentado a responderle con groserías pero me supe contener. Lo peor fue la  como se le dice vulgarmente “muina” que hice. Ese sentimiento de impotencia por no poder responder como cuanod estabas chamaco y te agarrabas a golpes. Llegaba alguien y te separaba pero te quedabas con la impotencia de no poder sonarte al otro mocoso.

Juro que quise golpear a esa mujer…

Pocas veces pierdo la paciencia a ese punto. Y no me justifico diciendo que no soy un golpeador de mujeres. No, no lo soy, pero ella en verdad lo merecía. No se vale que gente sin educación pueda andar por el mundo insultando y haciendo lo que quiere creyendo que su actos no provocan consecuencias.

Juro que me hervía la sangre y me calenté demasiado. Lo peor, es tener que fingir ante los demás, cuando todo mundo se dio cuenta de que te sacaron de quicio.

Más tarde y más tranquilo, pregunté si en caso de haber respondido al insulto me hubiese traído consecuencias. La respuesta fue obvia. Podría perder el trabajo. A estas alturas, hice un análisis y dije: Ok. La próxima vez que escriba sobre alguien que me hizo enojar en el trabajo:

Creo que estaré desempleado….

Que tengan un buen fin de semana.

Soy

29 mayo, 2012 2 comentarios

Soy ejemplo de intolerancia

un desastre natural

un accidente esperando a ocurrir.

un claro ejemplo de informalidad

Soy el recuerdo de una sonrisa fingida

nuestro primer orgasmo al mismo tiempo

una mancha oscura en tu corazón.

Soy esa grieta en tu memoria

el 6.5 irregular en tu boleta perfecta.

Soy quien sueña con tu mirada

con besar tus labios

y vencer a la secta a la que perteneces.

Soy tu primera vez

el imbécil que te rechazó

quien fecundó tu vientre en un intento fallido de paternidad.

Soy quien besaba tu cuello y tus senos en la sala de tus padres

quien se metió a escondidas a tu casa

para hacerte el amor después de bañarte.

Soy el que te arrebató un beso en su oficina

el que te hizo llorar más de tres veces

el que te abandonó por otro cuerpo

Soy quien besó tus tatuajes después de embriagarte

quien sueña con una cita contigo

con tomarte de la mano en señal de victoria.

Soy fanático de tus ojos

amante de la carne (piel) blanca

e intento fallido de activista

Soy un dolor de espalda recurrente

la sonrisa que te gusta

la mirada de odio que detestas

Soy al que saludas con desgano

a quien reemplazas o desplazas

con quien desahogas tus enojos.

Soy quien te mira con buenos ojos

que te busca como su Melpómene

que tolera tu intolerancia a los lunes

Soy todos tus yo

Soy todo de ti

Soy simplemente, y para tu mala suerte: Yo.

 

Me gusta ser portero…

11 mayo, 2012 6 comentarios

“Cómo vas a saber lo que es la soledad si jamás te paraste bajo los tres palos a 12 pasos de uno que te quería fusilar y terminar con tus esperanzas”…

Poema al Futbol

Siempre creí que ese jugador era cachirul.  Destacaba por su estatura entre todos, y por supuesto era el líder goleador de la liga. Aquella soleada mañana en los campos terregosos de “La Maquinita”, se paró frente a mí  con toda la disposición del mundo y cobró con potencia. Juro que me hice a un lado. Doble las manos y levanté la pierna. Como esa mítica imagen de los argentinos que se arrugan ante un tiro libre de Roberto Carlos. Precisamente el movimiento que hace Batistuta, lo hice yo. El balón, me pasó a dos centímetros de la cintura. Era completamente atajable

Recuerdo los gritos de coraje de mi entrenador. Yo ya estaba harto de ser portero.

Ser el portero de una liga infantil puede ser lo peor que le puede pasar a un niño. Más a uno que no tiene ni puta idea de lo que quiere. No era el mejor, pero era de lo menos peor. Y sabía que si me daban oportunidad de nueve, lograría lo que mis compañeros de equipo delanteros no podían hacer. Teníamos una defensa terrible, tanto que la mayoría de los goles que recibí, siempre fueron producto de mano a mano perdidos.

Los reclamos de mis compañeros eran, “no salgas, espéralo y que la falle”, pero nunca fui de los que esperan. Gané más de lo que perdí. Siempre fui de los porteros que achican. Y me gustaba hacer el famoso “Cristo”, aunque la mayoría de las veces con resultados negativos.

Uno de los momentos que hoy me avergüenza fue cuando le di una patada a un compañero. Se dejaron venir contra mí en reclamo y mi frustración fue defenderme a patadas. Aún recuerdo su cara de dolor y las lágrimas que derramó. Fue de los que menos me había reclamado…

En la primaria recuerdo que uno de los primeros partidos de futbol en mi vida que observé fue del Atlante. Héctor Miguel Zelada defendía la portería, y luego hacía un comercial de cuadernos “Scribe” en el que se lanzaba y atrapaba una libreta, mientras un niño gritaba con admiración “Zeladaaaa”. me gustaba ese comercial y ese era el portero del equipo que me había cautivado.

Mi hermana se burlaba de mí y decía “Se lavaaaa, la ropa” y me hacía enojar. No debería insultar a mi héroe.  Luego el Atlante descendió a la segunda y les perdí la pista completamente. Durante un año no vi más futbol o apoyaba al equipo al que le fueran mis familiares.

Por aquellos años yo me consolidaba en la portería del Colmex blanco. éramos la versión débil. la que nunca ganaba nada, y a pesar de que yo merecía una oportunidad para jugar con el Colmex verde (los bueno y que lo ganaban todo) nunca se me brindó. No sé si porque no tenía la edad o el talento suficiente, o porque no querían terminar de dejar indefenso al blanco. Yo en mi posición ególatra quiero pensar que fue esta segunda opción, pero nunca lo sabré.

Llegué a la portería del Colmex blanco por accidente. Una tarde en la que fui a comer a casa de Paul y Eliezer su madre me llevó al entrenamiento de Paul. La mujer que recuerdo porque lleva el mismo nombre que mi abuela, Flora. Nos recogía del colegio por las tardes. En aquel tiempo mi padre conocía al suyo porque trabajaban donde mismo y como éramos casi vecinos. Nuestros padres se turnaban para bien llevarnos a todos al colegio o para recogernos. Yo estaba en segundo grado y Paúl en tercero y como mi madre no fue por mí a recogerme temprano, Flora optó por llevarme a ver a su hijo entrenar.

Ya allí me integré con ellos al entrenamiento. Yo sin idea de cómo jugar al futbol sólo perseguía la pelota y la pateaba, nunca dejé que se acercará a mi área, por lo que adquirí inmediatamente una excelente reputación como defensa. Esa tarde fui una pesadilla para el mejor jugador de los verdes. El mítico “Regis” . Regis se quedó con las ganas de anotar esa tarde, pues le habían puesto un muro impenetrable frente a él y las pocas veces que intentó pasarme se quedó con las ganas.

Al día siguiente los compañeros de tercer año decían, “él es bueno, se burla a Regis”. Nunca supe qué significaba, pero algo me decía que yo encajaba en el sistema y que mi oportunidad para integrarme al equipo de futbol era verdadera.

Empecé a ir a los entrenamientos y en una ocasión en que faltó el portero, empezamos a jugar así sin guardameta. A nadie le gustaba la posición, por lo que enfrenté el reto. Ya había visto la función de los arqueros en la tele. Sabía qué hacer. Una de las primeras pelotas vino hacía mi meta y sin dudarlo me lancé para atajarla. Qué importaba la tierra y los raspones. Mi meta no sería perforada.

Aquella tarde me gradué como portero y mi entrenador me dijo orgulloso:”El sábado vas a la portería, dile a tu papá que te compré unas rodilleras para que te protejas”. Aquella tarde-noche en el Centro de la ciudad. Mi padre y yo recorrimos las tiendas deportivas hasta encontrar mi atuendo. Una rodilleras negras, además de unas coderas y unos guantes verdes con negro. Recuerdo el grito en el cielo de mi madre. Habíamos quedado en que sólo eran las rodilleras.

Durante la temporada en que jugué como portero implementé un estilo nuevo. Era raro ver a un portero que se lanzara y sobre todo que no tuviera miedo a ensuciarse el uniforme.  Además que como ya lo mencioné más arriba, me gustaba enfrentar a los delanteros, odiaba quedarme estático y odiaba que la acción se desarrollara al otro lado de mi área. Me aburrría terriblemente sin acción.

En aquellos tiempos, el profesor de educación Física, un peruano de nombre Julio Villanueva, tenía un programa deportivo en la televisión local, y en ocasiones acudía a nuestros partidos con las cámaras para mostrar los resultados en la televisión. Como nuestro equipo nunca ganaba, tuvo la suerte de acudir a un partido en el que dimos la sorpresa. Paúl, quien era el delantero más huevón que jamás se haya visto en la historia (nunca corría, se la pasaba caminando en el campo y apenas si tocaba el balón) aquella tarde metió dos goles para sorpresa de hasta él mismo. Y yo detuve un penal.

Nunca vi las imágenes, y tampoco vi nunca las cámaras. Unos días después mis compañeros me felicitaban y me decían que era famoso porque había salido en la tele. Recuerdo que esa vez sintonicé tarde el programa y apenas alcancé a ver en la imagen el segundo gol de Paúl. Nuestra victoria había sido un suceso relevante en las noticias locales.

Los niños suelen ser demasiado crueles, y como yo era el que recibía los goles. mis compañeros de equipo optaban por culparme a mí, por lo que empecé a rebelarme  y los siguientes partidos dejé de llevar el uniforme y los guantes. quería jugar otra posición menos ingrata y por más que pedí oportunidad, nunca me la brindaron. En una ocasión, recuerdo que a mi tío Ulises, (el hermano menor de mi mamá que en esa época vivía con nosotros, porque estudiaba en el Tecnológico) lo hicieron quitarse su playera para que me la prestara y me fuera a defender el arco.  Todavía tengo su imagen grabada en mi mente. En la portería contraria, él recargado en el poste con los brazos cruzados y mi camiseta de juego sobre los hombros para cubrirse de los inclementes rayos de sol. Aún así sonreía. Nunca le agradecí por ese detalle. Estoy en deuda con él. Viajó el trayecto de regreso a casa sin camiseta, pues la misma quedó inservible.

 Luego del futbol intenté con otros deportes, pero no recuerdo ninguno que me llenara. Ya muchos años después con equipos de futbol rápido volvía probar la portería. Nunca fui de buenos reflejos, ni fui atlético, pero siempre tuve el valor para partírmela si era necesario. Hoy en día las rodillas me lo reclaman muy seguido y se encargan de cobrarme factura.

Alguna vez fui convocado a un partido de estrellas, pero tampoco acudí porque algún compromiso se me atravesó. En la escuela de Letras probé pocas veces la portería porque ya estaba allí el buen Ramiro Rivera, que la defendía con tanta o más pasión que yo. Además de que yo ocupaba al fin la posición de nueve que tanto quise.

Ahora es que saben mi admiración por Federico Vilar, mi jugador y héroe personal, además del inmenso cariño que siento por otro portero importante del Atlante, Félix Fernández, quien le devolvió la categoría al equipo para volver a primera y a mí en lo personal porque me puso de nuevo en el mapa a aquel equipo con una playera de hermosos colores que me cautivó en la televisión.

Félix, además es un excelente narrador y podría decirse que es mi inspiración personal. Portero y escritor, qué más le puedo pedir. recomiendo su libro Guantes Blancos…

Vilar también escribió un libro, pero en lo personal, él debe seguir dedicándose a la portería…Es lo que hace mejor.

Hoy en día ya no juego futbol. La pesima condición física y la falta de equipo me lo impiden, además de que casi todos los equipos que he probado últimamente están plagados de estrellitas que no sueltan la bola, y yo si no es futbol asociación, prefiero no practicarlo.

Aún así me muero de las ganas de volver a pararme bajo el arco y arrancar un grito de emoción de mis compañeros al verme atajar un balón en un mano a mano, y sentir de nuevo esa sensación de hastío porque el balón está lejos de mi área…

 

Se fue un grande…

Hoy pasó a mejor vida uno de mis favoritos.

Maurice Sendak abandonó este mundo terrenal  a la edad de 83 años. Para ser sinceros, no conozco completa la obra de Sendak, pero el simple hecho de haber conocido Where the wild things are, me ha convertido en su fan.

Tanto que siempre he querido tatuarme a Carol y aún no desisto de la idea, por lo que tendré contemplado en mi próxima raya.

Por lo pronto sólo nos queda resignarnos y decirle no adiós, sino hasta pronto 😥

La Maldición de los Peleus (PLU’s)…

Se preguntará usted apreciable

lector, qué carajos es un PLU y por qué están malditos?

Como les comenté hace un poco más de  una semana estoy laborando de nuevo. Mi función es la de Operador de Servicios. Así lo llaman ellos. No soy un simple cajero, porque supuestamente tengo más funciones que un cajero normal.

Bueno, para no desviarnos mucho del tema y ponerlos en contexto, PLU no es más que las siglas de las palabras Price Look Up, qué significa esto?, no tengo la más mínima idea, pero son los códigos con los que se registra los productos en su mayoría perecederos.

Si usted ha ido a una tienda de autoservicio, habrá notado que los cajeros al pesar la fruta o las verduras, teclean un código para identificarlos. Pues bien esos numeritos tediosos, son la razón por la que no he podido ejercer mi función como Operador de Servicio.

Desde el primer día se me entregó una hojita con los 40 productos principales para que me los memorizara y así poder presentar un examen y demostrar que estoy preparado para estar detrás de una caja.

Como éste su servidor, es de lento aprendizaje, de mala memoria y de pésima retención, apenas si he logrado memorizarme unos siete códigos, y eso es porque son números que asocio con claves conocidas.

El caso es que los compañeros ya empiezan a verme con malos ojos y se preguntan si gozo de algunos privilegios para no cobrar, pero yo no soy el que pone las reglas, y según el nuevo sistema faltan muchos requisitos burocráticos para que se me entregue mi tin till (la madre esa donde van los billetes y las monedas.

Ayer me comentaron que supuestamente ya metieron la solicitud para que se me entregue y mandaron los resultados de mis exámenes, pues toda la semana me la he pasado de corre ve y dile, acomodando mercancía y haciendo labores de limpieza. en parte yo también ya deseo que me pongan a cobrar, pero si no agarro práctica, pues menos me voy a aprender esas madres.

Es como el dicho ese que dice: “No me dan trabajo porque no tengo experiencia y no tengo experiencia porque no me quieren dar trabajo”.

En fin, espero que ya esta semana me pongan ahora sí a trabajar de verdad, porque en realidad sí ha sido una chinga andar todo el día caminando por toda la tienda repartiendo devoluciones.

Por lo pronto me sigo haciendo pendejo con la lista esa porque por más que quiero aprendérmelas, nomás no se me hace.

Gracias por leer.

Ah se me olvidaba, a todos aquellos que trabajan, feliz día del trabajador, lo vamos a festejar como debe de ser… Trabajando 🙂 aunque eso signifique andar por toda la tienda toda la tarde… otra vez.