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Posts Tagged ‘Mi infancia’

Me gusta ser portero…

11 mayo, 2012 6 comentarios

“Cómo vas a saber lo que es la soledad si jamás te paraste bajo los tres palos a 12 pasos de uno que te quería fusilar y terminar con tus esperanzas”…

Poema al Futbol

Siempre creí que ese jugador era cachirul.  Destacaba por su estatura entre todos, y por supuesto era el líder goleador de la liga. Aquella soleada mañana en los campos terregosos de “La Maquinita”, se paró frente a mí  con toda la disposición del mundo y cobró con potencia. Juro que me hice a un lado. Doble las manos y levanté la pierna. Como esa mítica imagen de los argentinos que se arrugan ante un tiro libre de Roberto Carlos. Precisamente el movimiento que hace Batistuta, lo hice yo. El balón, me pasó a dos centímetros de la cintura. Era completamente atajable

Recuerdo los gritos de coraje de mi entrenador. Yo ya estaba harto de ser portero.

Ser el portero de una liga infantil puede ser lo peor que le puede pasar a un niño. Más a uno que no tiene ni puta idea de lo que quiere. No era el mejor, pero era de lo menos peor. Y sabía que si me daban oportunidad de nueve, lograría lo que mis compañeros de equipo delanteros no podían hacer. Teníamos una defensa terrible, tanto que la mayoría de los goles que recibí, siempre fueron producto de mano a mano perdidos.

Los reclamos de mis compañeros eran, “no salgas, espéralo y que la falle”, pero nunca fui de los que esperan. Gané más de lo que perdí. Siempre fui de los porteros que achican. Y me gustaba hacer el famoso “Cristo”, aunque la mayoría de las veces con resultados negativos.

Uno de los momentos que hoy me avergüenza fue cuando le di una patada a un compañero. Se dejaron venir contra mí en reclamo y mi frustración fue defenderme a patadas. Aún recuerdo su cara de dolor y las lágrimas que derramó. Fue de los que menos me había reclamado…

En la primaria recuerdo que uno de los primeros partidos de futbol en mi vida que observé fue del Atlante. Héctor Miguel Zelada defendía la portería, y luego hacía un comercial de cuadernos “Scribe” en el que se lanzaba y atrapaba una libreta, mientras un niño gritaba con admiración “Zeladaaaa”. me gustaba ese comercial y ese era el portero del equipo que me había cautivado.

Mi hermana se burlaba de mí y decía “Se lavaaaa, la ropa” y me hacía enojar. No debería insultar a mi héroe.  Luego el Atlante descendió a la segunda y les perdí la pista completamente. Durante un año no vi más futbol o apoyaba al equipo al que le fueran mis familiares.

Por aquellos años yo me consolidaba en la portería del Colmex blanco. éramos la versión débil. la que nunca ganaba nada, y a pesar de que yo merecía una oportunidad para jugar con el Colmex verde (los bueno y que lo ganaban todo) nunca se me brindó. No sé si porque no tenía la edad o el talento suficiente, o porque no querían terminar de dejar indefenso al blanco. Yo en mi posición ególatra quiero pensar que fue esta segunda opción, pero nunca lo sabré.

Llegué a la portería del Colmex blanco por accidente. Una tarde en la que fui a comer a casa de Paul y Eliezer su madre me llevó al entrenamiento de Paul. La mujer que recuerdo porque lleva el mismo nombre que mi abuela, Flora. Nos recogía del colegio por las tardes. En aquel tiempo mi padre conocía al suyo porque trabajaban donde mismo y como éramos casi vecinos. Nuestros padres se turnaban para bien llevarnos a todos al colegio o para recogernos. Yo estaba en segundo grado y Paúl en tercero y como mi madre no fue por mí a recogerme temprano, Flora optó por llevarme a ver a su hijo entrenar.

Ya allí me integré con ellos al entrenamiento. Yo sin idea de cómo jugar al futbol sólo perseguía la pelota y la pateaba, nunca dejé que se acercará a mi área, por lo que adquirí inmediatamente una excelente reputación como defensa. Esa tarde fui una pesadilla para el mejor jugador de los verdes. El mítico “Regis” . Regis se quedó con las ganas de anotar esa tarde, pues le habían puesto un muro impenetrable frente a él y las pocas veces que intentó pasarme se quedó con las ganas.

Al día siguiente los compañeros de tercer año decían, “él es bueno, se burla a Regis”. Nunca supe qué significaba, pero algo me decía que yo encajaba en el sistema y que mi oportunidad para integrarme al equipo de futbol era verdadera.

Empecé a ir a los entrenamientos y en una ocasión en que faltó el portero, empezamos a jugar así sin guardameta. A nadie le gustaba la posición, por lo que enfrenté el reto. Ya había visto la función de los arqueros en la tele. Sabía qué hacer. Una de las primeras pelotas vino hacía mi meta y sin dudarlo me lancé para atajarla. Qué importaba la tierra y los raspones. Mi meta no sería perforada.

Aquella tarde me gradué como portero y mi entrenador me dijo orgulloso:”El sábado vas a la portería, dile a tu papá que te compré unas rodilleras para que te protejas”. Aquella tarde-noche en el Centro de la ciudad. Mi padre y yo recorrimos las tiendas deportivas hasta encontrar mi atuendo. Una rodilleras negras, además de unas coderas y unos guantes verdes con negro. Recuerdo el grito en el cielo de mi madre. Habíamos quedado en que sólo eran las rodilleras.

Durante la temporada en que jugué como portero implementé un estilo nuevo. Era raro ver a un portero que se lanzara y sobre todo que no tuviera miedo a ensuciarse el uniforme.  Además que como ya lo mencioné más arriba, me gustaba enfrentar a los delanteros, odiaba quedarme estático y odiaba que la acción se desarrollara al otro lado de mi área. Me aburrría terriblemente sin acción.

En aquellos tiempos, el profesor de educación Física, un peruano de nombre Julio Villanueva, tenía un programa deportivo en la televisión local, y en ocasiones acudía a nuestros partidos con las cámaras para mostrar los resultados en la televisión. Como nuestro equipo nunca ganaba, tuvo la suerte de acudir a un partido en el que dimos la sorpresa. Paúl, quien era el delantero más huevón que jamás se haya visto en la historia (nunca corría, se la pasaba caminando en el campo y apenas si tocaba el balón) aquella tarde metió dos goles para sorpresa de hasta él mismo. Y yo detuve un penal.

Nunca vi las imágenes, y tampoco vi nunca las cámaras. Unos días después mis compañeros me felicitaban y me decían que era famoso porque había salido en la tele. Recuerdo que esa vez sintonicé tarde el programa y apenas alcancé a ver en la imagen el segundo gol de Paúl. Nuestra victoria había sido un suceso relevante en las noticias locales.

Los niños suelen ser demasiado crueles, y como yo era el que recibía los goles. mis compañeros de equipo optaban por culparme a mí, por lo que empecé a rebelarme  y los siguientes partidos dejé de llevar el uniforme y los guantes. quería jugar otra posición menos ingrata y por más que pedí oportunidad, nunca me la brindaron. En una ocasión, recuerdo que a mi tío Ulises, (el hermano menor de mi mamá que en esa época vivía con nosotros, porque estudiaba en el Tecnológico) lo hicieron quitarse su playera para que me la prestara y me fuera a defender el arco.  Todavía tengo su imagen grabada en mi mente. En la portería contraria, él recargado en el poste con los brazos cruzados y mi camiseta de juego sobre los hombros para cubrirse de los inclementes rayos de sol. Aún así sonreía. Nunca le agradecí por ese detalle. Estoy en deuda con él. Viajó el trayecto de regreso a casa sin camiseta, pues la misma quedó inservible.

 Luego del futbol intenté con otros deportes, pero no recuerdo ninguno que me llenara. Ya muchos años después con equipos de futbol rápido volvía probar la portería. Nunca fui de buenos reflejos, ni fui atlético, pero siempre tuve el valor para partírmela si era necesario. Hoy en día las rodillas me lo reclaman muy seguido y se encargan de cobrarme factura.

Alguna vez fui convocado a un partido de estrellas, pero tampoco acudí porque algún compromiso se me atravesó. En la escuela de Letras probé pocas veces la portería porque ya estaba allí el buen Ramiro Rivera, que la defendía con tanta o más pasión que yo. Además de que yo ocupaba al fin la posición de nueve que tanto quise.

Ahora es que saben mi admiración por Federico Vilar, mi jugador y héroe personal, además del inmenso cariño que siento por otro portero importante del Atlante, Félix Fernández, quien le devolvió la categoría al equipo para volver a primera y a mí en lo personal porque me puso de nuevo en el mapa a aquel equipo con una playera de hermosos colores que me cautivó en la televisión.

Félix, además es un excelente narrador y podría decirse que es mi inspiración personal. Portero y escritor, qué más le puedo pedir. recomiendo su libro Guantes Blancos…

Vilar también escribió un libro, pero en lo personal, él debe seguir dedicándose a la portería…Es lo que hace mejor.

Hoy en día ya no juego futbol. La pesima condición física y la falta de equipo me lo impiden, además de que casi todos los equipos que he probado últimamente están plagados de estrellitas que no sueltan la bola, y yo si no es futbol asociación, prefiero no practicarlo.

Aún así me muero de las ganas de volver a pararme bajo el arco y arrancar un grito de emoción de mis compañeros al verme atajar un balón en un mano a mano, y sentir de nuevo esa sensación de hastío porque el balón está lejos de mi área…

 

¿Surinam?..

¡Paramaribo!..

Y nos daba risa y una especie de vergüenza la contestación. La habíamos aprendido porque era una palabra que sonaba en cierta parte chistosa.

Nunca fui bueno para la geografía, pero ese capítulo de mi vida es uno de esos detalles que voy a recordar quizás toda la vida.

Estaba como en cuarto de primaria y teníamos examen de la materia antes mencionada. Teníamos que aprendernos los países y sus capitales, y Surinam fue una de las pocas que me aprendí. No tengo ni puta idea de dónde quede ni a qué continente pertenezca, pero gracias a Paramaribo, me acuerdo siempre de Vladimir.

Vlado estudiaba conmigo en aquella ocasión y empezamos a repasar las respuestas, mientras decíamos los países al azar, contestábamos casi con un grito las capitales.

Hace más de 17 años que no convivo con Vladimir. La última vez que recuerdo haber charlado con él frente a frente, yo estaba en el primer año de secundaria. Él había ido a mi escuela. Su madre era la subdirectora y allí coincidimos. En la primaria llegamos a ser buenos amigos, compartíamos el gusto por el coro, y tocábamos la guitarra. Desconozco si él lo sigue haciendo. Yo no pasé del círculo de sol.

¿A qué viene todo esto? Hoy por la mañana Vladimir hizo algunos comentarios en mi muro de Facebook, luego de un estado polémico que puse sobre la veracidad de las balaceras en la ciudad, e intercambiamos algunos puntos de vista. Por si ustedes no lo saben, llevo mi facebook bastante compacto, por ahora tengo 35 contactos y siento que tengo algunos de sobra. Opté por tener sólo contactos con quienes tengo realmente confianza o que conozco personalmente.

Constantemente hago depuraciones y la gente que elimino es gente con la que no interactúo muy seguido.  Vladimir siempre ha salvado los cortes, pues de una forma u otra siempre tenemos comunicación. A pesar de vivir en la misma ciudad y no haber coincidido jamás en más de 17 años. Tengo amigos a los que veo más seguido o con los que tengo comunicación contínua y ni aún así son parte de mis contactos. Vladimir me da una especie de confianza, siento que es una amistad sincera, a pesar de que no tengamos ni puta idea uno del otro de nuestros gustos. It’s kinda weird

Hace algunas horas empecé a leer el segundo libro de la trilogía Millenium de Stieg Larsson “La chica de soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, y hacen referencia a Surinam, Paramaribo, fue pocos minutos después de haber intercambiado los mensajes con Vlado que me topé con la referencia y de inmediato supe que había una conexión.

Quizá Vladimir no lea esto, pero puede tener por seguro que lo aprecio y que siento respeto por él. Después de todo fue de los pocos buenos amigos que recuerdo de la infancia y uno de los que compartió buenos momentos con éste su servidor. Yo por lo pronto, me avoco de nuevo a la lectura, que tengo mucho por seguir leyendo.

Sigue vigente

Hay canciones que nunca pasarán de moda. Recuerdo haber escuchado esta canción en la primaria. Un tío la tenía en un cassette y junto otras canciones la ponía en su estéreo de 8 tracks y me hacía feliz.

Fue el inicio del Hip Hop en español, junto a Caló, éste chavo del que nunca supe su nombre, le daba a mis tardes un aire de alegría y a la vez de melancolía.

Quisiera vivir de nuevo en los 90’s. Quisiera que todo fuera como antes, que la música era perfecta en todos los géneros. De hecho  en cuestiones musicales sigo allí atrapado, no he evolucionado.

Antes pensaba que vivir del pasado era tonto y yo perjuraba que no me quedaría estancado, pero hoy, por más que veo para atrás, más me quiero regresar.

Estamos en 2012 y para mí esta canción sigue sonando vigente, es como Boys don’t cry de the Cure, pero bueno, hay una diferencia abismal entre ambos intérpretes.

Los que anden por mi etapa generacional, a ver si se acuerdan…

Incorruptibles…

23 diciembre, 2011 Deja un comentario

Debo este post desde hace un mes.
La razón, esta entrada estaba planeada desde que estaba en Colima.
Allí en casa de mi abuela, existe un aditamento que nos une a todos.
Si abres el refrigerador podrás encontrar un recipiente de plástico de color azul. Que sirve para almacenar agua fresca, y que todos absolutamente todos en la familia conocemos, además de que podemos presumir de haber bebido de él.
Es un bote de un litro, y no es raro ver que todos le perdimos el asco. Decenas de labios han bebido de allí, y aún así, sigue cumpliendo con el mismo propósito. Nadie se preocupa por servirse en un vaso. Todos directamente vamos sobre el borde, para mitigar nuestra sed.
Yo que soy medio obsesivo compulsivo, soy de los que siempre quiere tener las jarras y botes de agua fresca siempre llenos, por lo que me enfurece verlas vacías o a medias.
Esto porque en varias ocasiones me tocó encontrar el bote completamente vacío dentro del enfriador.

¿A dónde voy con todo esto?

Ese bote sobrevive desde hace muchísimos años, ¿cuántos? en realidad no lo sé, pero recuerdo que desde niño ya tomaba de ese bote. Cada que vamos y lo veo, surge un tema de conversación, creo que incluso es mayor que yo, por lo que ha de rondar en los 40 años, si no es que más.

Las fotografías a continuación son de objetos que al igual que el bote azul de la casa en Armería, han sobrevivido varios años. Lo que me llamó la atención fue el tarro de la primera foto. Cuando yo tenía como 5  años, ese frasco de galletas le fue obsequiado a mi mamá por una amiga de ella. Y lo sigue conservando. Creo que lo utiliza como costurero y sigue sin mostrar rasgos del tiempo. Perfectamente pintado, sin raspones o deterioro en la pintura.

El segundo es un frasco en el que guardamos el azúcar. Ese sí muestra huellas del tiempo. como pueden ver, ya se le despintaron las figuritas y tiene algunas quemaduras en la tapa. A ese le calculo alrededor de 27 años, también.

Sé que esta entrada es intrascendente o no tiene cosa que aportar, pero apuesto que ustedes también deben tener algo guardado que recuerdan que ha estado con ustedes en el transcurso de toda su vida. No dudo que también esté impecable.

Publicado con WordPress para BlackBerry.

Soñé con Dulce…

23 noviembre, 2011 Deja un comentario

Mi primer chaqueta (puñeta, masturbación, jalada, etc,) fue dedicada a ella…

Siempre fui de reacciones tardías. Tuve mi pubertad después de los 14, mi primera novia hasta los 18, mi primera publicación a los 24 (junto con mi primera relación sexual). Por eso apenas que estoy por entrar a los 30, creo que viene lo mejor de mi vida.

Dulce fue, lo que podría haber sido la primer niña de quien me enamoré. Como toda la primeria la cursé en colegio para varones, no tenía contacto con niñas, salvo con mis primas en las vacaciones o si acaso alguna vecina. Además no me interesaba tener novia, digo ¿a qué niño con reacciones tardías le importaba?

Mi historia con Dulce, como todas mis historias de amor, tuvo un desenlace trágico, y ni siquiera tuvimos algo. Cuando entré a la secundaria la conocí. En ese tiempo ya las curvas empezaban a llamarme la atención y su figura era una de las más envidiables y deseadas. Eso lo descubrí hasta la ocasión en que se llevó un vestido entallado. En uno de los tantos bailes lagartijeros que recuerdo con agrado de la escuela.

Siempre fui de los que no expresaba sentimientos por temor al rechazo. Nunca he lidiado bien con el rechazo, así como ahora no sé lidiar con los elogios. Dulce sabía perfectamente que me gustaba, yo lo notaba en sus ojos, e incluso creo que hasta me invitaba a declarármele, pero nunca me atreví.

Lo que recuerdo bastante y que más me gustaba era que nunca tenía un no, para mí. Era la única que me aceptaba para bailar, y pasábamos casi todo el baile juntos ahora sí que como dice el Café Tacvba “Mientras tú me  fuiste demostrando, que el amor es bailar”. Ya entiendo por qué me gusta tanto El Baile y el Salón.

Como yo nunca me atreví a decirle nada, alguien se me adelantó y empezó una relación con ella. Por supuesto que me ofendí, pero no fue su culpa fue completamente mía. Entonces esa relación no funcionó y la terminó inmediatamente para cambiarla por otra. Allí fue donde cometí el error más estúpido de mi vida. Llamarla Puta.

El hecho de insultarla se salió de control, todos mis compañeros varones iniciaron una campaña de desprestigio contra ella y la empezaron a acosar. A mí eso ya no me latió y opté por hacerme un lado de ellos y empecé a buscar compañeros de otras secciones. El problema vino cuando ella no resistió más la presión y acabó por quejarse. Tengo entendido que alguien hasta estuvo llamándola a su casa por teléfono y la hostigaba. Nunca supe quién fue, pero la responsabilidad recayó directamente en mí. Recuerdo que en una ocasión me reclamó directamente a mí, porque alguien escribió groserías en su pupitre, pero yo ya no pude defenderme, ni pude hacerla entender que yo sería incapaz, pues yo en realidad estaba enamorado de ella y que había cometido un error estúpido.

Recuerdo que una ocasión sonó el teléfono de mi casa y el que contestó fue mi padre. Momentos después, luego de colgar la bocina enfadado me habló y me preguntó que si conocía a Dulce. Me tomó por sorpresa y le dije que sí, que era una compañera. Inmediatamente me prohibió que me le acercara.

Según tengo entendido, su madre le habló para decirle que yo la hostigaba, que le llamaba por teléfono para insultarla y que me la pasaba esparciendo rumores sobre ella. Llegaron al grado de rayarle sus cuadernos y sus libros pero nunca supe quién fue en realidad. Sólo sé que la culpa recayó directamente en mí.

Me alejé un tiempo de ella y jamás dije nada. Las llamadas empezaron a cesar, y la persona que la hostigaba creo que desistió, porque después Dulce y yo volvimos a hablarnos, ya no igual, pero al menos volvimos a bailar juntos. después a mí me cambiaron de sección. Porque cada año removían a las manzanas podridas hacia otros salones, para evitar que contaminaran a los buenos elementos.

Recuerdo que ella se despidió de mí, y hasta le dio tristeza que me cambiaran, pero aún así yo la seguía viendo en el siguiente curso y por supuesto la seguía invitando a bailar. Después cambiamos de amigos. Yo me adapté a mi nueva sección y creo que ella se consiguió otro novio. A mí me seguía gustando, pero ya no volví a buscarla. En otra sección con compañeras nuevas, me empecé a interesar por alguien más.

Alguna vez intercambiamos palabras o nos saludamos cuando nos encontramos y recuerdo muchísimo que una ocasión soñé con ella. Me decía que acababa de terminar con su novio y por supuesto yo salía al quite como reemplazo. La mañana siguiente al ir a la escuela la encontré llorando y le pregunté que qué le pasaba. No quiso hablar mucho y cuando   apenas empezaba a consolarla llegó su novio, con cara de perro arrepentido y le pidió que hablaran. Por supuesto me tuve que retirar del lugar.

Ya con el paso de los años me volví a topar con ella en varias ocasiones. Pero no nos hablábamos nada, ni siquiera el saludo. Por qué, no lo sé. pero antes de todos esos encuentros, la vi en un lugar donde solía ir a nadar. Yo iba con un compañero de la secundaria, y él que la reconoció intentó ir a sacarle plática. De rato regresó y me dijo: “dice que le caes mal” e incluso se retiró del lugar.

Años después cuando yo trabajaba en una tienda departamental, estaba acomodando un botadero y sentí una mirada intensa con mala vibra. Al volverme para buscarla, estaban ella, su hermana y su madre, como diciendo, “mira, ese es el pendejo que te molestaba en la secundaria”.

Allí fue que entendí que jamás volvería a hablarme, a pesar de que nos volvimos a topar en innumerables ocasiones. Ya sólo éramos un par de desconocidos.

Anoche soñé con Dulce y entre lo poco que recuerdo, soñé que iba a buscarla y que teníamos una relación pero ella la terminaba inmediatamente, sin darme tiempo de nada y sin explicarme. Sólo se iba y decía algo a la distancia, entre balbuceos.

Yo me preguntaba qué había dicho, y cuando empecé a asociar las palabras fue algo así como “Eso te pasa por no contestarme las llamadas”… Pinche tecnología y el puto Blackberry que ha estado fallando… y desperté.

La historia de un Jersey

1 noviembre, 2011 4 comentarios

Tuve que esperar casi 30 años para tener un jersey al fin personalizado con mi nombre…

Para los que no lo sepan, mi pasión son los deportes. En mi infancia los practiqué casi todos, aunque lamentablemente nunca estuve en un equipo ganador. Esa es mi maldición. Pocas veces probé la gloria de ganar algo y nunca fui campeón en algún equipo de conjunto.

De niño jugué futbol soccer, basquetbol, volibol, futbol americano, beisbol,  y hasta estuve dos días en karate. Le hice a todos los deportes, pero haciendo cuentas, jamás tuve un uniforme con mi nombre.  Pues jugábamos con el uniforme de deportes.

En la secundaria ya no practiqué deporte porque estaba en el club de rondalla y jamás tuve una clase, por lo que mis habilidades con una guitarra son prácticamente nulas. 

En la prepa volví a integrarme a un equipo deportivo y estaba con el equipo de basquetbol, pero en esa ocasión los uniformes nunca llegaron, porque como nunca falta, muchos no lo pagaron y aparte que nunca nos apoyó la escuela, así que el poco dinero que dimos los que queríamos uniforme al parecer se lo gastó el entrenador, que era un catarrín empedernido.

Luego de la prepa empecé a trabajar en tiendas departamentales y me dio por jugar futbol rápido, la historia fue la misma, nunca tuvimos uniforme, pues con lo que ganabamos apenas nos alcanzaba y como muchos tenían familia, no tenían el lujo de desperdiciar dinero en un uniforme.

Además por aquellas épocas, alterné con El Rival más Débil  aunque cuando tuvimos uniforme, jamás tuvieron nuestros nombres, apodos o apellidos, sólo número aleatorio y me dieron el 9.

De allí entré a la universidad y jugué futbol rápido con el equipo de la facultad, allí sí tuvimos al fin uniforme y personalizado, aunque fueron sólo los números. En esa ocasión escogí el 666, nada más por crear polémica.

En los últimos años he andado por varios equipos pero las lesiones no me han dejado ser constante y la última vez que estuve por tener un uniforme con mi nombre ni siquiera llegó a mis manos, porque aparte de una lesión, me retiré porque ni siquiera me metían a jugar.

Un amigo me invitó a jugar futbol llanero y todos los domingos tenía que levantarme tempranísimo para viajar a un rancho, a veces hasta una hora de distancia, y para ni siquiera entrar al campo. En esa ocasión el uniforme sí tenía mi nombre, pero no me dieron el número que quería, y para cuando llegaron las playeras, yo ya no estaba en ese equipo, por lo que mi jersey lo utilizó alguien más. Ni siquiera tuvieron la decencia de decirme, tú lo pagaste es el tuyo, aquí está. ¡Sin Llorar!

Eso fue hace casi tres años, luego vino de nuevo mi lesión de la espalda y por mucho tiempo estuve sin hacer ejercicio, hasta hace apenas unos meses, que me invitaron a integrarme al Futbol bandera (tochito).

Ahora estoy jugando con Los Duendes, un equipo de amigos de toda la vida, en la que entré como el colado, porque conozco a alguien y él me invitó. Aunque con ellos la historia es la misma que me persigue, en nueve jornadas no hemos ganado ni un solo partido y el equipo empieza a desmoronarse. Los integrantes ya ni siquiera están yendo a jugar y somos apenas 4 ó 5 los que nos estamos presentando.

Apenas el juego pasado estrenamos uniforme, es lo que había querido presumir desde el principio, pero luego reparé en que nunca había tenido un jersey con mi nombre y por eso me extendí tooooodo esto, que aunque me faltaron muchas cosas por explicar, no quería aburrirlos más de lo que ya lo hice.

Opté  por ponerle mi nombre, porque mi apellido es muy largo. Y apodo para el jersey como que no se me da. Mejor así, Raúl, sencillo, directo y fácil de nombrar. Aunque he de confesar que sí me dio cierta molestia porque no lleva la tilde en la Ú.

El número es el 51, ¿por qué el 51?  porque es una combinación para formar el 6 que es mi favorito, además de que fue el número que llevaba en la lista de la secundaria. La etapa de mi vida que sigo considerando como la mejor y la que recuerdo con más cariño. 

Luego de este lapsus, les dejo una imagen de mi nuevo uniforme con mi nombre, que aunque no voy a ser campeón con él, al menos ya tengo la oportunidad de decir que llevé mi nombre y mi número en la espalda 😀

Pensamientos Raros…

24 octubre, 2011 Deja un comentario

Podría decirse que esta entrada no tiene sentido… Como la mayoría de las cosas que escribo últimamente. No sé por qué razón me sorprende ya. Pero es uno de eso momentos en que me vienen ideas a la cabeza y necesito plasmarlas.
Había querido hablar sobre el bullying( no se si se escriba así, y no sé por qué carajos adoptamos siempre términos gringos, pudiendo llamar a las cosas por su nombre en español). Bueno no había encontrado causa para platicar sobre el … Abuso físico y psicológico por grandulones en la escuela. Mmm ok suena mejor como Bullying.
El caso es que como en alguna ocasión comenté mis bullies llevaban el mismo nombre, los dos o tres en sus diferentes etapas de mi vida, se llamaban Roberto. Y a todos los vi probar la derrota. Pero bueno uno de los motivos por los que pude haber sido molestado y que extrañamente no sucedió. Al menos no como para causarme un trauma o para marcarme de por vida, es que siempre fui gordo. El sobrepeso me ha acompañado toda mi vida. Y los gordos no la pasamos muy bien por ese aspecto.
Otro de los factores que ayudó a que no fuera molestado por ese “defecto”, es que afortunadamente o desgraciadamente, siempre hubo alguien más obeso que yo, por lo que la carrilla no incidía directamente sobre mí.
Y es aquí donde llego al punto de la razón de este post, y que seguramente alguna vez me dará para crear un personaje de algún cuento, o por qué no, quizás de alguna novela.
Por respeto no diré su nombre, aunque algunos de los que me leen sabrán a quién me refiero, porque durante mi infancia fue uno de mis mejores amigos, además de ser el que me superaba en peso.
Confieso que hasta yo me llegué a burlar de él en alguna ocasión por su “desventaja”.
Esta escena la recordaré siempre, porque la veo como algo cruel, y de lo más bajo por parte de alguien que supuestamente fomenta el carácter y el espíritu deportivo.
Hace algunos años, cuando todos los vecinos nos juntábamos a jugar en la calle. En una ocasión pasó un hombre en un automóvil, interrumpiendo nuestra actividad (creo que jugábamos futbol). El hombre de quien no recuerdo el nombre, se desempeñaba como instructor de Tae Kwon do y nos llamó para invitarnos a pertenecer a su club.
Nosotros no nos veíamos interesados, pero él inisitió y fue cuando sacó el as bajo la manga ( o lo que él creía era su estrateguia de convencimiento). Al ver que no estábamos interesados, se dirigió sólamente a mi rechoncho amigo y le preguntó “No te gustaría ser campeón? Anímate, en tu categoría no vas a encontrar rivales de tu peso y vas a ganar todos tus combates sin pelear”.
Recuerdo la risa nerviosa de mi amigo. Su reacción fue entre sí me gustaría pero no me interesa de verdad, es un bonito sueño pero no es lo mío” y sólo atinó a decir que no. Yo lo vi emocionado y lo arengué, pero me dijo que no quería. Fue cuando me di cuenta que no habría poder humano capaz de convencerlo.
No sé qué haya pensado él en ese momento, pero viéndolo fríamente y en retrospectiva sí fue un insulto. Una burla miserable a su estado físico y una forma ridícula de hacerlo sentir bien por cargar con su enorme sobrepeso.
Mi amigo tuvo que soportar miles de bromas debido a su estado, y nunca lo vi que se agüitara porque era el blanco de las bromas. Los niños siempre suelen ser los más crueles en cuanto a comentarios despectivos se refiere.
Recuerdo también que muchas de nuestras costumbres se fueron al carajo cuando lo pusieron a dieta. Teníamos la costumbre de ir a comprar frutsis(jugos) a la vuelta de su casa y en esa época los jugos tenían bajo la tapa premios, como pastelitos y otros jugos, por lo que a veces teníamos tanta suerte que con comprar un sólo jugo, nos tomábamos hasta cuatro, pues escogíamos botellas premiadas al canjear nuestro frutsi gratis.
También nuestras primeras borracheras fueron monumentales. ¡Imagínense tratar de moverlo cuando estaba ebrio! Aún tengo presente la broma de Snorlax( personaje de Pokémon), pues así lo bautizamos una ocasión que se quedó dormido en una fiesta y no pudimos despertarlo.

Mi amigo hoy vive una viva normal, y no sé cuántas bromas habrá escuchado y recibido. Lo que me hace pensar y otra de las cosas que quería agregar, es que las generaciones de hoy en día son mucho más delicadas e influenciables. Sigo pensando que mientras la televisión nos siga educando, no tenemos mucho futuro que digamos.

Las campañas anti bullying son impulsadas por la televisión. Si bien correcto que se empiece a poner atención en que la violencia escolar sea erradicada, también es por la televisión y la mayoría de la programación que se ve hoy en día que los niños saben lo que es el Bullying. Además todos los programas tienen el estereotipo del típico matón que molesta a sus compañeros. Incluso he visto programas en que los nerds molestados le pagan a un experto en artes marciales, para que le ponga una chinga al acosador. Creo que eso ya es demasiado.

Deberíamos de empezar a poner más atención en nuestros hijos, hermanitos, sobrinos, etcétera. Porque la mayoría de los padres no saben que sus hijos son lastimados, pero mucho menos saben cuando es el mismo el que está abusando de sus compañeros.

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