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Posts Tagged ‘Literatura’

Viejos tesoros

Buscaba un cassette, de esos de ocho tracks y nos volvimos a encontrar…

Últimamente he tenido horarios algo incómodos en el trabajo, y como ya no alcanzo transporte de vuelta a casa, mi papá me ha estado prestando su automóvil. Como es un modelo antiguo, noté que cuenta con estéreo de cassettes, así que para no ir escuchando siempre el radio, me di a la tarea de buscar mis cassettes viejos.

Me topé con una bolsa de plástico en la que tenía algunos cd´s, libros y tres cassettes: El Soundtrack de Armaggedon, el Travelling without moving de Jamiroquai, y el Dónde jugarán las niñas de Molotov. Pero lo más importante. Di con Los Versos Satánicos de Salman Rushdie.

Una nostalgia inmediatamente me invadió y creo que tengo que leerlo por cuarta vez. Eso cuando termine de leer Siglo de un Día que estoy leyendo actualmente.

Este libro tiene una historia muy particular, que nunca me cansaré de presumir y de contar porque me remonta a una increíble anécdota, que de seguro le contaré a mis nietos, si es que alguna vez llego a tenerlos.

El libro que usted ve en la siguiente imagen, es un libro robado. Quería tener ese libro a toda costa y tuve que optar por el mal camino. Juro que lo busqué por mucho tiempo y en todas las editoriales aparecía como agotado. Además de visitar las ferias del Libro de Saltillo y Monterrey durante varias ediciones, con nulos resultados.

Casi creo que duré con él todo el semestre cuando lo pedí prestado de la Infoteca y por más que se los quise hacer perdedizo, se pusieron en el plan de que para reponerlo, tenía que ser a fuerza el mismo título. No podía reponerlo con ningún otro.

 

Fue hasta que mi amiga Perlita me pasó el tip. Ella estuvo haciendo su servicio social en la infoteca y me reveló que los libros tenían una cinta magnética que hacía que sonaran al pasarlos por el detector de metales. Si alguien no registraba el libro para sacarlo, era obvio que no lo desmagnitizaban y pasabas un terrible ridículo al delatarte el pitido de la alarma.

Pues bien, en una ocasión después de varios intentos me armé por fin de valor y me avoqué a la tarea de encontrar la casi indetectable cinta magnética. “¿Te has fijado que todos los libros tienen por fuera un puntito negro? en esa parte es donde se encuentra la cinta. Fue la revelación de Perlita. Ella cuando llegaban libros nuevos, era de las que ayudaba a magnetizarlos. Estuve alrededor de cinco minutos buscando la mentada cintilla y cuando la encontré, tuve que abrir un poco el libro para quitarla. Esperé unos minutos y como había entrado a la biblioteca con tres o cuatro libros, sólo lo puse entre el paquete para salir con todos juntos. Los vigilantes ya me conocían, así como los trabajadores, pues todos los días pasaba de tres a cuatro horas díarias antes de entrar a clases, ya sea leyendo o haciendo tareas. Como la Biblioteca estaba en la planta alta, había que bajar escaleras y justo antes de la salida, se encontraba el punto de revisión y de registro de libros. Bajé casi corriendo las escaleras y pasé muy rápido por el detector. ¡Maldita (perdón) fue mi suerte cuando escuché que empezaba a sonar la alarma. “Ya valí madres”!, pensé dentro de mí, de modo que me regresé algo apenado. Al momento de entrar de nuevo, la alarma cedió, por lo que descubrí que los libros no habían sido el motivo de la activación de la alarma. El vigilante un hombre mayor, muy atento y buen amigo, que nos confesó ser poeta, me calmó, como diciendo, ¡Tranquilo, pásame los libros uno por uno… y así lo hice. Para mi suerte, ya no sonó ninguno. A veces el mismo cuerpo carga magnetismo y se activa la alarma, me confesó. Y además, a muchos les pasa que por salir corriendo a clases se les olvida registrar los libros que van a sacar de la biblioteca.

Con el alma devuelta al cuerpo, fui por mi mochila y guardé los libros inmediatamente. Salí del lugar y me dirigí a mis clases normales. El libro ya era de mi propiedad, y por nada del mundo pensaba devolverlo.

Esta anécdota sucedió unos días antes de que conociera a Javier Sicilia, quien fue contratado por la Universidad para impartirnos un curso-taller de Poesía y Mística. Como yo siempre fui renuente a la poesía, opté por empezar a tomar cursos para tener bases y conocimientos básicos para poder desacreditarla.

Gracias a Javier le empecé a tomar gusto, además de que convivimos toda la semana, fui yo quien se encargó de mostrarle algunos puntos representativos de la ciudad e iba por él al hotel en el que se hospedaba. Esa semana fue de conocimiento completo para éste su servidor. Fue cuando descubrí que la inteligencia no tiene nada que ver con la arrogancia. Javier era un tipo súper culto y súper sencillo.

Gracias a él aprendí que la Libertad de Expresión es un punto de llegada y no de partida, como muchos lo creen. Es decir, uno se puede expresar libremente, siempre y cuando tenga las bases para defender su punto de vista. No porque tengo boca tengo libertad de hablar a lo pendejo o expresarme mal de alguien.

En uno de los recorridos que hacíamos por la ciudad, le confesé a Javier que me había robado “Los Versos Satánicos” y alegué en mi defensa que en realidad no lo había encontrado por ningún lugar y que en realidad deseaba ese libro. Además discutimos que la literatura no está al alcance de todos porque en realidad se manejan precios elevadísimos en muchas editoriales.

Cuando le confesé a Javier que me había robado el libro, pensé que quizá me reprendería o su concepto sobre mí iba a cambiar un poco y fue todo lo contrario. Me confesó que él en su juventud también lo había hecho y me contó la anécdota más bella que yo he escuchado en mi vida.

Me dijo algo así:

“Cuando yo era chavo y estudiaba la universidad, iba a una librería a robarme los libros que no podía pagar y en una ocasión me descubrió el vigilante de la tienda. Con amenazas me dijo que me iba a mandar a la cárcel y le mandó a hablar al dueño de la librería, quien me estuvo increpando y me decía, órale cabrón, por qué me estás robando mis libros, te voy a mandar al bote… Indignado le respondí: ¿Al bote? Me tendrías que levantar una estatua cabrón, porque me estoy robando cultura para tratar de superarme,  y mi respuesta le dio risa y le gustó tanto que  me dejó ir. Me dijo órale cabrón, llévate todos los que quieras, y cada que vengas te llevas uno. Nos hicimos muy buenos amigos”.

Confieso que cada que me acuerdo de esa anécdota me dan ganas de chillar…

Hace poco se la conté a los nuevos amigos que conocí en el Hostal Regina y el Jesse se emocionó bastante. Además me confesó que un amigo suyo fue a parar a la cárcel por haberse robado un libro.

A la última feria del libro a la que acudí (ya hace varios años) me encontré con los versos satánicos. Era una nueva reimpresión y a un precio no tan módico pero sí accesible, opté por no comprarlo.

Aunque esta versión que tengo, ya está en condiciones un poquito deplorables tiene toda esa historia detrás de él, además de que lo tengo todo rayado con señalizaciones de citas que me gustaron, no deja de ser mi libro favorito. Por el esfuerzo que me costó conseguirlo y por toda la historia que guarda además del contenido.

Cuando lo encontré de vuelta le di una rápida hojeada y me encontré con la siguiente frase que me hizo recordar a Javier  y que lo define al cien por ciento, pues de no ser por él, yo seguiría odiando la poesía…

“La misión del poeta es nombrar lo innombrable, denunciar el engaño, tomar partido, iniciar discusiones, dar forma al mundo e impedir que se duerma”…

Qué mejor ejemplo de esto que Sicilia.

Gracias por leer.

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Se fue un grande…

Hoy pasó a mejor vida uno de mis favoritos.

Maurice Sendak abandonó este mundo terrenal  a la edad de 83 años. Para ser sinceros, no conozco completa la obra de Sendak, pero el simple hecho de haber conocido Where the wild things are, me ha convertido en su fan.

Tanto que siempre he querido tatuarme a Carol y aún no desisto de la idea, por lo que tendré contemplado en mi próxima raya.

Por lo pronto sólo nos queda resignarnos y decirle no adiós, sino hasta pronto 😥

Terminé Playa de Acero

3 mayo, 2012 1 comentario

Al fin lo hice…
Compré este libro el 30 de marzo, un día antes de iniciar mi viaje a Colima y me siento mal porque tardé mucho en terminarlo. Hice demasiada decidia y me tomó más de un mes. Leí los últimos dos capítulos mientras veía el futbol. Hecho que me fue bastante difícil ya que tuve demasiadas interrupciones. Hubo seis goles…
Con este libro retomé el antiguo placer de leer mientras viajo. Lo hice cuando iba a Colima. De regreso. En la ida a Toluca. En el trayecto de Toluca al D.F. Y en el regreso de Monterrey a Saltillo. Además el trayecto a mi trabajo en transporte público es de una hora aproximadamente, así que aprovecho para perderme un rato en la lectura, a pesar de los brincoteos en los baches y los arrancones que de pronto se avientan los choferes.
Playa de Acero es un libro de Ciencia Ficción. Confieso que no me atrae tanto éste género. Pero este texto estuvo entretenido e interesante. Además el personaje principal es un reportero y ese fue el punto principal para que me enfocara en terminarlo. Los últimos libros que he leído tienen inmiscuídos periodistas y cuando los termino me dan ganas de tener varias copias de cada uno de ellos y repartírselos a mis ex compañeros que aparte de que no leen, tienen olvidados los conceptos básicos de periodismo. Además dudo que tengan el hábito de leer, a excepción de sus notas o el periódico de la competencia.
Mañana empiezo con otro libro. Aún no sé cuál será, pero lo mejor es que tengo nueve opciones diferentes. Todos los de mi premio del concurso de calaveras 🙂
Lean mucho, es lo más reconfortante, si quieren un libro o una recomendación no duden en pedírmelo. Yo me encargo personalmente de mandarles el link en formato digital, o bien si lo quieren en forma física, se los regalo, siempre y cuando ya lo haya leído y que se comprometan a leerlo.
Hoy me puse a enviar correos electrónicos con contenido. No cadenas ni nada parecido. Y recordé cuando mandaba cartas ordinarias. Extraño todo eso. Quiero volver a la correspondencia antigua. A ese sentimiento maravilloso de recibir una carta escrita a mano.
Si alguien desea hacerme feliz de verdad, escríbanme una carta y mándenmela. Prometo contestar a la brevedad 🙂
Y como este post ya perdió todo el sentido, ya hablé de muchas cosas y no llegué a nada. Sólo quería comentar que terminé el libro y terminé exponiendo mis nostalgias.
Que pasen un lindo fin de semana.
Gracias por asomarse por acá

Publicado con WordPress para BlackBerry.

Vacío

Terminé la trilogía Millenium…

tres novelas en menos de 15 días, creo que debe ser una especie de récord personal,

y ahora me siento vacío.

¡Quiero seguir leyendo! Quiero más aventuras de Lisbeth Salander, más enigmas resueltos por Mikael Blomkivst. Ahora tengo que buscar otras lecturas que me entretengan y me hagan olvidar a Salander y compañía. No está chida esta sensación de dar por terminada una aventura.

Estoy que no sé ni qué decir jajaja

Pfff

Frustration mode on

Análisis de consecuencias…

8 marzo, 2012 6 comentarios

Lo terminé.

En tres días devoré prácticamente Los hombres que no amaban a las mujeres…

Me encantó. Sólo puedo decirlo así.

Ojalá algún día pueda tener la habilidad para narrar así como Stieg Larsson.

No niego que quiero buscar inmediatamente otro de los libros de la trilogía Millenium, pero me voy a reservar un poquito, tengo que digerir lo que acabo de leer y ver qué puede salir de provecho de ésto.

En cuanto a mi vida personal, hoy di un respiro enorme. Liquidé al fin una de mis tarjetas de crédito. Mañana la cancelo y la destruyo, será un placer inimaginable.

Nada más por decir… Ah sí, que amo a Lisbeth Salander, pero ya lo había comentado antes, sólo quería reafirmarlo :p