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¿Surinam?..

¡Paramaribo!..

Y nos daba risa y una especie de vergüenza la contestación. La habíamos aprendido porque era una palabra que sonaba en cierta parte chistosa.

Nunca fui bueno para la geografía, pero ese capítulo de mi vida es uno de esos detalles que voy a recordar quizás toda la vida.

Estaba como en cuarto de primaria y teníamos examen de la materia antes mencionada. Teníamos que aprendernos los países y sus capitales, y Surinam fue una de las pocas que me aprendí. No tengo ni puta idea de dónde quede ni a qué continente pertenezca, pero gracias a Paramaribo, me acuerdo siempre de Vladimir.

Vlado estudiaba conmigo en aquella ocasión y empezamos a repasar las respuestas, mientras decíamos los países al azar, contestábamos casi con un grito las capitales.

Hace más de 17 años que no convivo con Vladimir. La última vez que recuerdo haber charlado con él frente a frente, yo estaba en el primer año de secundaria. Él había ido a mi escuela. Su madre era la subdirectora y allí coincidimos. En la primaria llegamos a ser buenos amigos, compartíamos el gusto por el coro, y tocábamos la guitarra. Desconozco si él lo sigue haciendo. Yo no pasé del círculo de sol.

¿A qué viene todo esto? Hoy por la mañana Vladimir hizo algunos comentarios en mi muro de Facebook, luego de un estado polémico que puse sobre la veracidad de las balaceras en la ciudad, e intercambiamos algunos puntos de vista. Por si ustedes no lo saben, llevo mi facebook bastante compacto, por ahora tengo 35 contactos y siento que tengo algunos de sobra. Opté por tener sólo contactos con quienes tengo realmente confianza o que conozco personalmente.

Constantemente hago depuraciones y la gente que elimino es gente con la que no interactúo muy seguido.  Vladimir siempre ha salvado los cortes, pues de una forma u otra siempre tenemos comunicación. A pesar de vivir en la misma ciudad y no haber coincidido jamás en más de 17 años. Tengo amigos a los que veo más seguido o con los que tengo comunicación contínua y ni aún así son parte de mis contactos. Vladimir me da una especie de confianza, siento que es una amistad sincera, a pesar de que no tengamos ni puta idea uno del otro de nuestros gustos. It’s kinda weird

Hace algunas horas empecé a leer el segundo libro de la trilogía Millenium de Stieg Larsson “La chica de soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, y hacen referencia a Surinam, Paramaribo, fue pocos minutos después de haber intercambiado los mensajes con Vlado que me topé con la referencia y de inmediato supe que había una conexión.

Quizá Vladimir no lea esto, pero puede tener por seguro que lo aprecio y que siento respeto por él. Después de todo fue de los pocos buenos amigos que recuerdo de la infancia y uno de los que compartió buenos momentos con éste su servidor. Yo por lo pronto, me avoco de nuevo a la lectura, que tengo mucho por seguir leyendo.

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