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Se la debía…

Acabo de vivir un momento súper cabrón, que no sé si fue coincidencia(en las cuales no creo) o en realidad sí debía estar allí…

Es increíble cómo cada vez perdemos más la calidad de vida y la rectitud los seres humanos. Hace algunas horas fui a ver a mi amiga Cecy (Chicho, pa los cuates) y me invitó a cenar, por lo que acudimos a comprar unos tacos de pescado, y en el estacionamiento del lugar, un tipo salió con su camioneta en reversa, y sin la menor precaución impactó nuestro carro, en la parte trasera. 

Salí del restaurant para pedirle que se detuviera, y al contrario el tipo aceleró la marcha y salió huyendo a toda velocidad. Afortunadamente el auto sólo tiene algunos raspones, nada de cuidado, incluso apunté las placas, pero sé que no ganaré nada con denunciarlo, el golpe no vale la pena.

Lo que me da coraje es la cobardía y la falta de valor del sujeto para no quedarse a reparar el daño. En su salud lo hallará.

Eso fue un detalle. El otro se acaba de dar hace algunos minutos, cuando venía de regreso a casa. Al circular por el centro, se me atravesó un sujeto, iba completamente ahogado en alcohol, y creí que se me iba a atravesar, por lo que aminoré la marcha y lo dejé que pasara.

Tambaleándose y a punto de caerse cruzó como pudo la calle y al pasar frente a las luces, descubrí que era un amigo de muchos años, su nombre está de más, él sabe quién es y de seguro leerá esto. Me detuve a media calle y le grité, ¿cómo andas?  a lo que respondió enfurecido que lo acababan de asaltar… unos policías.

Le pedí que se subiera al auto y enfilé hacia su casa, le pregunté si estaba bien y si no lo habían golpeado. Hace poco más de un año, le ocurrió lo mismo, sólo que esa vez no le fue tan bien. Primero lo asaltaron unos malandros y después unos policías.

Confieso que esa primera vez pude haberlo llevado a su casa, pero insistió en irse caminando. Como pude arreglé que otro amigo lo acercara a donde pudiera tomar un taxi, pero él optó por irse caminando. Los resultados ya fueron descritos anteriormente. No paro de sentirme culpable por esa ocasión, pues yo debí haberlo llevado hasta su casa. El estado en que estaba no era para nada conveniente.

Hoy le volvió a ocurrir, pero afortunadamente no fue maltratado. Todo el camino se la pasó maldiciendo y lo entiendo, entiendo su impotencia al verse imposibilitado de actuar, ante los que se supone son quienes deben cuidarnos.

Ésta vez perdió efectivo y un aparato Mp3, que dice que guardaba demasiado valor sentimental. “La música estaba bien chida”, me decía en sus lamentos, y sólo pude consolarlo diciéndole que se puede conseguir de nuevo y que agradeciera que al menos no fue apaleado.

Ya un poco más tranquilo se quedó en su casa. Todavía con andar trastablillante abrió la reja y después la puerta. Al menos me agradeció que hubiera aparecido en un momento difícil, como si fuera un milagro.

Sé que no fui un milagro, pero al menos hice lo que pude para ayudarlo, y en parte me siento bien. Sé que no fue una coincidencia, y que Dios me puso allí, para echarle la mano y para reivindicarme de la vez anterior.

La verdad se la debía, y me siento bien por habérsela pagado .

Lo que sí es lamentable, es que tengamos que cuidarnos de delincuentes y de policías, ya no sabe uno ni por dónde le va a llegar.

 

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