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Reflexionar sobre la muerte

Quisiera extenderme y hablar de mis sentimientos sobre la muerte. Creo que podría escribir un post larguísimo, pero simple y sencillamente no tengo ganas.

Escribo estas líneas porque hace rato pasé por una situación muy peculiar. Me ganó el morbo…

Anoche me notificaron que falleció la madre de una amiga de mi madre. Y esta tarde la acompañé para que diera el pésame a su amiga y a la familia. Confieso que odio los velorios. Me duele el dolor de los demás y como soy bastante chillón, a mí también me da para abajo ver el sufrimiento.

Por lo regular no me atrevo a ver el cuerpo, porque siento que me roba algo. Los años que trabajé como reportero, me cansé de ver cuerpos. No sé lidiar con la muerte. No quiero ni verlos ni tocarlos.
Hace rato me acerqué al féretro y vi a la señora. Cuando están encerrados parecen maniquíes, no se parecen en nada a lo que fueron en vida.
Como llegamos algo tarde al velorio, empezaron a preparar todo para llevarse el cuerpo hacia la iglesia, por lo que los dolientes empezaron a recoger los arreglos florales. Sentí la necesidad de ser útil y ayudarlos, pero fue tanta gente que cuando quise actuar, ya no era necesaria mi ayuda.
Fue entonces cuando una mujer dijo, (en la sala ya semivacia) “se necesita de cuatro hombres, para que carguen el ataud hasta la carroza”. No me quedó de otra. Inmediatamente flanqueé el cajón, y esperé a que aparecieran otros 3 valientes. Nos dieron las instrucciones y como pude me acomodé. Contamos hasta tres y levantamos la caja fúnebre, para abrirnos paso entre la gente, y casi trastablillándome avancé los escasos 50 metros hacia la salida.
Juró que sentí un sudor frío y la caja se me hizo pesadísima. En ese momento se me vino a la mente lo peor. Como en. Las películas, que se me fuera a resbalar y se desatara el quinto infierno…
Afortunadamente no fue así, pero la sensación de cargar un muerto no fue nada agradable. Siento que algo de mí se fue con ella en ese féretro.
En la iglesia estuve pensando todo el tiempo cómo sería mi muerte y lo que me gustaría que pasara.
Por unos momentos le tuve miedo a ese momento y de nuevo reparé en que no he logrado nada hasta el momento. No sé quién iría a verme allí como muñequito mal maquillado y muy serio, como si estuviera dormido.
En este momento que escribo estas líneas, ya todos esos pensamientos quedaron atrás.
Sé que la muerte es un ciclo natural y en realidad me importa un cacahuate si se enteran de mi partida o van a darme el último adiós. Tampoco he sido una persona de muchas amistades, por lo que dudo que la gente vaya a darle unas palabras de aliento a mis familiares.

Sólo sé que nunca me gustarán los velorios y mucho menos los adioses…

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