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Hoy vi a Índira…

Y no pude evitar sonreir…

Índira fue una compañera de trabajo cuando trabajaba en una tienda departamental, allá por el 2002.

Y si piensan que hubo algo entre nosotros que me haga verla como alguien especial, no, no pasó nada. Pero siempre es bueno ver a gente con la que compartiste buenos momentos.

Índira era una niña cuando yo la conocí. Tendría como 15 o 16 años y yo tenía 22.

Ella trabajaba en el departamento de corsetería y yo primero en juguetería y después en la bodega.

El recuerdo representativo que tengo de Índira fue uno chusquísimo. En una ocasión nos tocó quedarnos de noche en la empresa para un inventario. Ella con dos de sus amigas, encontraron la forma de meter alcohol para tomar en horario de trabajo y terminaron completamente briagas. Al menos ella sí.

Aquella ocasión, yo estaba en mi departamento esperando a que diera la hora de salir. Ya sólo quedaba yo en mi departamento y la mayoría de la gente se había ido y recuerdo que Índira bajó corriendo las escaleras eléctricas, que para ese momento ya estaban apagadas. Estaba tan ebria y llevaba tanta velocidad que dio varios pasos tambaleándose. Las piernas se le iban doblando y lo inevitable se dio. Perdió el equilibrio y fue a dar de manera aparatosa al suelo.

Índira era un chica chaparrita, delgada, frágil y verla caerse de esa forma me hizo pensar en que se había hecho daño. De esas ocasiones en que sabes que no te puedes reir, porque algo malo debió haberle pasado.

La muchachita se levantó como si nada, volteó a todos lados para ver si alguien la había visto y sólo continuó con su camino. Sus ojos estaban muy rojos, no sé si por lo embrutecida que estaba por el alcohol o por el dolor de la caida, pero su mirada estaba vidriosa.

Cuando Índira se fue y vi que no le había pasado nada, ya entonces fue que pude reirme, aunque el efecto ya no fue el mismo.

¿Por qué recuerdo así a Índira? no lo sé, es de esos recuerdos que uno cree que son intrascendentes, pero que de alguna forma se quedan grabados en la memoria. De esos tengo muchísimos.

Hoy vi a Índira, y está convertida en una señora. Sigue estando chaparrita, pero el tiempo la ha maltratado. Nos vimos y contrario a lo que yo pensaba, me reconoció. Nos saludamos a la distancia.

Yo iba conduciendo. Hubiese querido detenerme para saludarla y preguntarle qué ha sido de su vida, pero no hubo oportunidad. Ella iba acompañada de una pequeña. Quiero pensar que su hija.

Otra oportunidad para reflexionar y ver que todo el mundo ha crecido, y empieza a formar familias, mientras yo sigo perdido en el limbo, sin saber qué es lo que quiero y sin saber a dónde voy…

Tengo ese extraño pensamiento de creer que no pasa el tiempo y me sorprende ver a la gente en situaciones en las que nunca imaginé. Aunque en Índira no me sorprendió. Por el ritmo de vida que llevaba, imaginé que pronto terminaría con un hijo.

En fin, fue bueno verla y saber que está bien, o al menos eso parece. Tiene familia y quizá sea feliz.

Yo por mi parte sigo pensando que cada que veo a alguien que tenía mucho tiempo de no ver, es porque Dios me da la oportunidad de despedirme. No es que sea fatalista, pero siempre me he sentido así. No es que quiera morirme, pero quizá ya mero me toque, por eso estoy empezando a ver a la gente que no había visto. Siempre he creido que no existen las coincidencias…

 

 

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  1. 4 octubre, 2011 en 07:30

    Se la va a desgastar de tantas chaquetas XD

  2. 4 octubre, 2011 en 08:12

    Jajajaja es inevitable

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