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Hasta pinches cuándo?

Es lo que me sigo preguntando y me sigo encabronando…
Hace unos minutos, luego de salir de misa, optamos por pasar al súper para comprar despensa. Y al estacionarme se me acercó un güey de esos que supuestamente “cuidan” los autos.
-Una lavadita jefe?
-No, gracias, no me voy a tardar.
-Bueno, entonces le limpio los vidrios y me da pa la coca.
No le respondo, pero muevo negativamente la cabeza.
Al salir, veo que el auto tiene los limpiabrisas levantados, y el tipo se acerca con una franela y le empieza a pasar el trapo por los cristales.
Por supuesto, todos opacos y más cochinos de lo que estaban. (Apenas ayer, lavaron el carro).
-Listo, jefe, ya quedó!- y se acerca como buscando su recompensa.
De nuevo lo ignoro, doy marcha al carro y me retiro.
Mi mamá se queda como sorprendida, ya había sacado unas monedas y le dije, -No, no le voy a dar nada, le dije que no y dejó el carro peor de lo que estaba.
Tenemos que dejar de sentir lástima por esas personas que “se ganan la vida” trabajando de lavacoches, pita pitas y en los cruceros haciendo malabares o limpiando parabrisas. Esos güeyes ganan en promedio de 300 a 500 pesos diarios en un día bueno. En uno jodido, consiguen al menos 150.
México es el país más solidario, pero también el que siente más lástima por la gente.
Nosotros mismos nos hemos encargado de crear a los delincuentes. Tenemos la culpa de mantener a gente huevona. Los lavacoches, la mayoría, son los primeros en brindar información. Los que ponen dedo y los que “echan aguas”. Saben de autopartes robadas y conocen dónde se vende y consigue la droga.
Escribo este post, porque me gustaría que los pocos que me leen, tomaran conciencia de lo que nosotros mismos provocamos.
Esa gente que estira la mano y que “hace algo a cambio” o que descaradamente la estira sin tapujos ( ay güey, sonó a albur) es gente cómoda, sabe que la lástima es el vehículo perfecto para llevar una vida sin esfuerzo y bien remunerada.
Dejemos de ser un país de huevones. Luego ahí nos andamos quejando de que los extranjeros nos echan tierra( como el caso reciente del programa Top Gear).
Cuando veas a alguien en la calle que pide dinero, si quieres realmente ayudarle, no le des ni un centavo. Si de verdad tiene necesidad, buscará la forma decente de ganarse el dinero. Las fábricas siempre tienen anuncios de que buscan operarios.
Hay albergues e instituciones que apoyan a los desamparados, pero creanme que ni uno de esos güeyes está ni de pedo desamparado, y cuando los canalizan a un lugar de esos, son los primeros en correr. Ya encontraron su minita de oro en las calles.
Basta de que tengan secuestrados los estacionamientos de los establecimientos de servicio. Son gratuitos y no tienes por qué pagarle a nadie porque te lo “cuiden”, a fin de cuentas si algo se te pierde, son ellos mismos quienes te lo roban, se dieron cuenta de quién te hizo el daño. No creo que cualquiera se arriesgue a detener al ladrón porque le vas a dar, o le diste una moneda.
Empecemos a cambiar. Después de todo nosotros contribuimos a que estuvieran allí, al sentir lástima por ellos…

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Categorías:Sin categoría
  1. 22 agosto, 2011 en 09:51

    Acá se montan en el bus…

    Tono malandrístico venezolano: ON

    “buenos díasss, BUENOS DIASSSS, eeeso un poquito de educaciÓn mi gente, yo hoy vengo a pedirles su colaboraciÓn , señores. Yo acabo de salir de TocorOn y la verdá yo no quiero robá más señores, si me dan una ayudiiita”

    Tocorón es uno de los penales más peligrosos del pais.

    En fin, también hay malabaristas en los semáforos, pedigüeños, parqueros, vendedores de chicles o galletas (generalmente vencidas) en los buses y los que piden colaboración para algún niño “enfermo”, ah, y por supuesto los del ejemplo que te puse arriba.

    En fin.

    • 22 agosto, 2011 en 10:53

      Jajaja la próxima que hablemos por teléfono, le voy a pedir que me ilustre y me reproduzca eso del “tono malandrístico venezolano” jajaja me encantó!
      De esos también hay acá, siempre cambian la historia. Antes de lo del domingo, el sábado se me acercó un tipo que fue al último al que le di dinero. Me abordó afuera del hospital, hace como un mes y me convenció. Me dijo que tenía que volver a Monterrey, que acababa de pagar la operación de su hijo y le di diez pesos. La ciudad a la que va, está a 30 minutos de aquí. No creo que en un mes pidiendo, no haya completado lo del pasaje. Así se las gastan!

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