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Adiós Capitán…

Lo hago hoy, porque ya estoy más tranquilo…
El día de ayer, se concretó lo que era considerada la pesadilla más temible para la afición Atlantista…
La venta del último ícono azulgrana.
Federico Vilar Baudena, con el 3 en los dorsales, era el Capitán y portero del Atlante, el día de ayer, pasó a integrar las filas de Monarcas Morelia, en una transacción que incluyó por supuesto mucho billete verde.
Esa noticia causó Impotencia, rabia, dolor, pero más que nada tristeza en éste su servidor, pues a manera personal, Federico se convirtió en una especie de modelo a seguir.
Es mi héroe de la vida real.
Federico, en tan sólo 7 años se convirtió en todo un referente del Atlante. Se echó a los hombros el peso de un equipo que con problemas económicos y de identidad, llegó a figurar incluso a nivel mundial.
De su mano se consiguieron dos títulos; uno de liga y otro de Concachampions.
A pesar de que Vilar externó que nunca se iría de Atlante, a excepción de ir a otro país, fueron los malos manejos de la directiva, lo que seguramente lo obligaron a renunciar y a buscar un crecimiento personal y una mejor estabilidad económica.
No dudo de sus palabras, ni de su cariño por el club que le dio la oportunidad de darse a conocer.
Hoy me quedan tantos recuerdos de Vilar, que hasta siento ganas de derramar lágrimas.
Él se convirtió en mi ídolo y su forma de ser siempre quedará plasmada en mi mente, porque fue un tipazo en toda la extensión de la palabra.
Nunca tuvo una negativa para estampar su rúbrica, nunca dijo no a una foto. Incluso, se dio el tiempo de concederme unos minutos de su tiempo de concentración en Liguilla, para regalarme una entrevista.
Federico, es como un amigo para mí. A pesar de que ha estado en muchas ciudades y ha visto miles de caras, siempre me reconoció y me saludó cordialmente. Recuerdo que hasta alguna ocasión dejó con la mano extendida a un amigo, no de manera grosera, sino que se apresuró para saludarme a mí primero, antes que firmarle a él un balón.
En alguna ocasión se tomó la molestia de enviarme un mail para saludarme, cosa que es rara en una figura pública.
Con toda mi admiración y respeto hoy te doy las gracias por todos esos momentos y deseo que tengas muchos más éxitos a donde vayas.
Sabes que acá te quedas en nuestros corazones y el día que gustes volver a casa, tienes las puertas abiertas.
Vuelve pronto…
 
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