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Archive for 28 febrero 2010

Corona Music Fest Colima

28 febrero, 2010 Deja un comentario
Jamás vuelvo…
¿Cuántas veces no hemos aplicado esta frase en nuestras vidas?
A pesar de aplicarla siempre caemos de nuevo y lamentablemente, volvemos a tropezar.
Anoche, bueno más bien ya empezando este día apliqué esta frase al ver a mis amigos, sentados en una banqueta, cansados, fastidiados, deprimidos y peor aún, estafados…
¡Jamás vuelvo a pedir una acreditación de Prensa para estos eventos! Fue mi reclamo ante mis acompañantes, y es que nos hicimos tantas expectativas para ver el famoso Reventour Estrella, que nunca pensamos que se convertiría en un total fiasco.
Las Bandas: Fobia Zoé y Jaguares, bien en su papel, tocaron e hicieron lo suyo, nada que reprocharles.
Desde hace casi tres semanas atrás, empecé a ver la manera de poder acreditarme para lograr meter mi cámara y traerme material gráfico del evento, por lo que moví cielo mar y tierra hasta que conseguí el correo electrónico del jefe de prensa encargado del evento.
Luego de un largo intercambio de correos, en los que me pdía un testigo de que el evento sería publicado, al fin conseguí con mi buen amigo el Josh, la oportunidad de poner como referencia, su Blog del Siglo de Torreón, con la promesa de enviarle algunas fotos y que él me hiciera el favor de publicarlas.
Este es su Blog y allí tiene ya la reseña del evento en Torreón.
A fin de cuentas, me otorgaron la acreditación, y mientras pensaba que iba a vivir una experiencia de poca madre al poder entrar como privilegiado, todo se convirtió en una pesadilla.
Nos enclaustraron como viles perros, con la amenaza de que si salíamos del lugar que nos estaba destinado, íbamos a perder todo privilegio.
Nos prometieron ruedas de prensa de 10 a 15 minutos con las bandas, mismas que se redujeron a 3 preguntas, generales. No había acceso a Backstage, ni al escenario, nos mezclaron con la gente que traía acreditación VIP y nos hacían entrar y salir a cada rato, por lo que no pude disfrutar de las presentaciones completas tanto de Fobia, como de Zoé.
Terminé súper cansado de estar parado casi 8 horas y para variar cuando salí del lugar, esperaba a ver a mis amigos contentos y borrachos, pues la consigna era ponernos ebrios.
Ellos fueron despojados de sus cinturones, y no les fueron devueltos, pues la "seguridad", solo dejó los cintos apilados en no sé qué lugar y los que salieron primero empezaron la rapiña.
No tuvieron acceso a comprar la cheve, porque había tanta gente que no se podía caminar, y para variar, no faltó el chistosito que llenó los vasos de orines para empezar a aventarlos entre la gente.
Podría extenderme en quejas y no terminaría nunca, por eso aquí le voy a cortar, porque nomás de acordarme me encabrono de nuevo.
Es la primera vez que salgo decepcionado de un concierto.
Intenté subir las fotos en mi Facebook, pero hasta esa madre está en mi contra hoy, por lo que voy a intentar subirlas aquí, a ver si este espacio sí me deja.
Chido por los que sí se la pasaron bien y ojalá que pongan más atención para eventos posteriores, pues éste evento tanto aquí en Colima, como en Torreón dejó mucho que desear debido a la pésima organización.
 
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Yo me voy a casar con Cindy…

25 febrero, 2010 Deja un comentario
Hoy quisiera abarcar muchos puntos en este post, pero la realidad es que de seguro se me van a quedar volando muchas ideas, y no voy a poder relatar bien lo que quiero expresar, de todos modos, le voy a hacer la lucha.
EL punto principal es el miedo, a nuestras futuras generaciones que de por sí ya están un poco depravadas.
La verdad es que a pesar de que deseo tener hijos y criarlos yo mismo, a la vez me llena de pánico el ambiente que les voy a dejar.
Todo empezó ayer por la noche, cuando en pleno bar, mi primo el Mack, Lety, una amiga, y su servidor, estábamos viendo el partido de la Selección mexicana.
De repente y no me di cuenta por qué razón, el Mack comentó que él no recordaba detalles de su infancia, a lo que Lety, comentó que ella sí se acordaba y yo secundé con que tengo detalles bien marcados de esa linda etapa, y de la inocencia con la que nos expresábamos, bueno, algunos jeje.
Cuando estaba en el preescolar, a mí me gustaba una niña que vivía frente al kínder y que llevaba por nombre Cristina, pero la historia de esta anécdota no se basa en Cristina, sino en Cindy, Cindy Sandía, Cindy Sin dientes. Cindy la niña de ojos rasgados y carente de dientes de leche, que traía locos a todos los niños del salón.
Recuerdo que mi hermana se burlaba de mí y me decía que tenía novia, que mi novia era Cindy sindientes.
Una ocasión en que pedí permiso para salir al baño, afuera encontré a dos compañeritos de clase, que tenían fama de ser traviesos. Entraban y salían del baño de mujeres retándose uno al otro, hasta que me desafiaron a mí, yo accedí a su reto y me metí, aunque por supuesto, no había nadie adentro.
Empezamos a platicar de las niñas y ellos manifestaron su gusto por la inconquistable Cindy, argumentando que los dos eran sus novios.
Ya no recuerdo sus nombres, pero uno de ellos dijo una frase que me dejó marcado para toda la vida. En ese tiempo me di cuenta de que era un poquito más maduro que todos ellos, y al menos yo sí viví mi infancia como la debí haber vivido.
Me gustaban las niñas y me gustaba besarlas, pero no pasaba más lejos de eso, no sabía que después de los besos iban las caricias y lo que sigue ya lo saben ustedes. Yo no lo imaginaba.
“Yo ya estoy juntando dinero, tengo 500 pesos y me voy a casar con Cindy”.. What tha Fuck!!
En ese momento pensé, 500 pesos es mucho dinero, por qué mejor no comprarte un juguete, además eres un niño, no te puedes casar en este momento.
Ellos continuaron con sus sueños de amor y yo regresé a mi salón de clases, me incorporé a las actividades y después de ese día, no volví a ver con los mismo ojos a ese compañero.
Ahora nuestras generaciones van mucho más aceleradas, con decirles que hace cuestión de unos 5 años atrás, me asustó un chamaquillo como de 4 años, que estaba con otra niña más chiquita, como de 3 y la estaba manoseando.
Se escondían detrás de un árbol y el escuincle se bajaba el pantalón y le bajaba el suyo a la niña y hacia el movimiento como si quisiera penetrarla. Obviamente no pudieron y el chamaco al ver que pasaba, optó por irse corriendo.
Qué clase de padres hay hoy en día, qué clase de educación se les está brindando a los jóvenes. Esto es preocupante.
Hace poco Cynthia, publicó en su facebook un video de un chamaco que se quejaba de que le habían roto el corazón…
Nefasto, que pena que todavía lo exhiban como algo chusco, lo que debería hacer esa mujer es checar las porquerías que está viendo su hijo en la televisión o asegurarse de que en el kínder no le estén enseñando tonterías.
Caray, me da mucho coraje, pero más que coraje, me da tristeza que estemos viviendo situaciones de este tipo.
Aquí les dejo el video en mención, y a Cindy, donde quiera que esté, ojalá que siga soltera, o al menos se haya encontrado un buen esposo, y no se haya quedado con el de los 500 pesos… 
 
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Happy birthday Space….

24 febrero, 2010 Deja un comentario
Hasta el momento de empezar a escribir este post, la cuenta está en 12289 visitas…
No quiero hacer cálculos ni quebrarme la cabeza, pero no está nada mal el numerito para tener sólo tres años de vida.
Lo lamentable aquí es que en estos tres años, no me he reinventado, no he cambiado al mundo, no he encontrado placeres nuevos y contrario a lo que quería, mis visitantes cada vez son menos.
El hecho de no actualizar tan seguido este espacio es porque me uní a la moda del Facebook, y aunque no es tan personal como se quiere, al menos doy a conocer una que otra de mis inquietudes por allí.
Ayer platicaba con Elvia, y me instaba a que mejor abriera un blog, pero me sigo negando.
Le dije que el día que me visitara lo considerara un hecho, pero sus palabras fueron, “entonces nunca tendrás un blog”, que deprimente.
Escribo esta entrada sólo para no tener tan abandonado este lugar, que desde que nació ha ido mostrando parte de lo que soy, aunque como se puede ver, no soy alguien interesante.
Aún así, le doy Gracias a Dios por todas las oportunidades vividas y por todos los buenos momentos.
Si bien este es mi espacio para quejarme y explayarme, todo lo que ha pasado en estos tres, (quisiera decir largos, pero la verdad se me han ido como un suspiro) años, han sido de enriquecimiento total y experiencia bien vivida.
Gracias a todos aquellos que siguen asomándose de vez en cuando por aquí, y a los que ya se fueron, también gracias.
Que Dios los bendiga, y esperemos que este lugarcito siga dando más, porque todavía no me muero y tampoco quiero hacerlo.
Pensaba eliminarlo porque ya no le presto atención, pero optaré por conservarlo, porque sigue siendo parte de mí, y como no me gusta renovarme, pos me chingo, nos morimos juntos.
He dicho…
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Al menos conservan el ingenio…

11 febrero, 2010 Deja un comentario
Si bien es cierto que mi banda favorita me decepcionó totalmente con su último material, al menos siguen siendo divertidos…
Para muestra este video de un show italiano en el que los obligan a tocar con playback.
Ya antes había subido un video donde hacen lo mismo y pueden ver aquí
En esta ocasión fueron más lejos y además de fingir e intercambiar papeles, la entrevista que da Dom, es pa cagarse risa al mencionar a Matt como "su baterista".
Disfruten.
Como dato aparte, qué pena que existan conductores tan poco profesionales y que presenten en sus shows, bandas de las que ni siquiera se toman el tiempo para investigar, además de cambiarles el nombre…
 
 
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Jódeme hasta que sepamos que es inseguro…

10 febrero, 2010 Deja un comentario
Creo que ya había subido antes esta canción, pero últimamente de plano no me la puedo sacar de la cabeza, me gusta demasiado.
Se llama EVIDENCE y viene en el Eat Me Drink Me de Marilyn Manson
Disfrútenla
 
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Qué buenas fotos!!

6 febrero, 2010 Deja un comentario
Hoy descubrí este videoclip, no tenía idea que tuviera video y la neta me encantó están geniales las imágenes
esto es Irremediablemente cotidiano, de Enrique Bunbury.
Que lo disfruten…
Y como dice Enrique:
No volveré a cometer la torpeza, de perder la cabeza por una promesa o algo peor…
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Soy un plagiador…

4 febrero, 2010 Deja un comentario

Hace algunos años compré una revista de la UNAM, de literatura, en la cual venía como regalo un cd con las voces de varios escritores latinoamericanos que a viva voz narraban fragmentos de sus obras. Había poemas de Sabines, el capítulo 7 de Rayuela narrado por Cortázar; un fragmento de Muerte sin fin, de Gorostiza, un cuento de Rulfo, otros textos de Monsivaís y de Octavio Paz, pero mi preferido es el siguiente.  

Ese disco ya no está en mis manos, pues tonto e incrédulo de mí, se lo presté a un compañero de Letras, que tenía fama de no devolver las cosas, pero me juró y perjuró que me lo regresaría. Hasta la fecha no sé nada de él, ni de mi disco.

El siguiente fragmento aparece en La Casa Verde, de Mario Vargas Llosa, libro que desde que escuché el fragmento quise leer, pero que nunca encontré a precio razonable, además que el que existía en la Infoteca fue robado.

Gracias a Elvia, que me lo facilitó en un archivo de word es que pude leerlo, (después de meses de decidia, pues no soy muy adepto a leer en la computadora). Aún no lo termino pero lo he estado devorando y es cuestión de horas lo que me falta para terminarlo, aunque al fin llegué a la parte que había estado esperando todo el libro.

Espero lo disfruten…

 

 

Las cosas son como son, la realidad y los deseos se confunden y si no por qué hubiera venido esa mañana. ¿Reconocía tu voz, tu olor? Háblale y mira cómo en su rostro se levanta algo risueño y ansioso, retén su mano unos segundos y descubre bajo su piel ese discreto temor, la delicada alarma de su sangre, mira cómo se fruncen sus labios, cómo se agitan sus párpados. ¿Quería saber? Por qué aprietas así mi brazo, por qué juegas con mis pelos, por qué tu mano en mi cintura y, cuando hablas, tu cara tan cerca de la mía. Explícale: para que no me confundas con los demás, porque quiero que me reconozcas, Toñita, y ese vientecito y esos ruidos de mi boca son las cosas que te estoy diciendo. Pero sé prudente, alerta, cuidado con la gente y ahora, no hay nadie, coge su mano, suéltala de una vez, tú te has asustado Toñita, ¿por qué te has quedado temblando?, pídele que te perdone. Y ahí, de nuevo, el sol que dora sus pestañas y ella, seguramente pensando, dudando, imaginando, tú no es nada malo Toñita, no me tengas miedo, y ella oscuramente esforzándose, inventado, por qué, cómo, y ahí los otros, jacinto limpia las mesas, Chápiro habla del algodón, de los gallos y de las cholas que tumba, unas mujeres ofrecen natillas y ella afanosa, angustiosamente escarbando en las tinieblas mudas, por qué, cómo. Tú soy loco, es imposible, la hago sufrir, ten vergüenza, salta al caballo, otra vez el arenal, el salón, la torre. Cierra las cortinas, que suba la Mariposa, que se desnude sin abrir la boca, ven, no te muevas, eres una niña, bésala, la quieres, sus manos son flores, ella qué cosas lindas, patrón, ¿de veras que le gusto tanto? Que se vista, que vuelva al salón, por qué hablaste, Mariposa, ella usted anda enamorado y quiere que yo la reemplace, tú anda vete, ninguna habitanta volverá a la torre. Y de nuevo la soledad, el arpa, el cañazo, emborráchate, tiéndete en la cama y hurga tú también, cava en la oscuridad, ¿tiene derecho a que la quieran?, ¿tengo derecho a quererla?, ¿me importaría si fuera pecado? La noche es lenta, desvelada, hueca sin su presencia que mata las dudas. Abajo ríen, brindan y bromean, entre guitarras bulliciosas se insinúa el delgado silbo de una flauta, se enardecen, bailan. Fue pecado, Anselmo, vas a morir, arrepiéntete, tú: no fue, padre, no me arrepiento de nada salvo de que ella muriera. Y él fue a la mala, por la fuerza, tú no fue a la mala, nos entendíamos sin que me viera, nos queríamos sin que me hablara, las cosas eran lo que eran. Dios es grande, Toñita, ¿no es cierto que me reconoces? Haz la prueba, aprieta su mano, cuenta hasta seis, ¿ella aprieta?, hasta diez, ¿ves que no suelta tu mano?, hasta quince y ahí sigue en la tuya, confiada y suave. Y, mientras tanto, ya no cae la arena, un viento fresco sube desde el río, ven a La Estrella del Norte, Toñita, tomaremos algo y ¿qué brazo buscaba su mano?, ¿en quién se apoyaba para atravesar la plaza?, tú el mío y no el de don Eusebio, en mí y no en Chápiro, ¿entonces te quiere? Siente lo que sentías: la carne adolescente y tostada, el vello lacio de su brazo y, debajo de la mesa, su rodilla junto a tu rodilla, ¿rico el jugo de lúcuma, Toñita?, y su rodilla siempre, y entonces disimula y goza, así que van bien los negocios don Eusebio, así que la tienda que abrió en Sullana es la más próspera, así que Arrese se nos muere doctor Zevallos, qué desgracia para Piura, era el hombre más leído, y ahí, dichosamente el calorcito entre las venas y los músculos, una llamita en el corazón, otra en las sienes, dos minúsculos cráteres supurando bajo las muñecas. No sólo la rodilla ahora, el pie también, se verá breve e indefenso junto a la gruesa bota, y el tobillo, y el muslo esbelto paralelo al tuyo, tú Dios es grande pero tal vez no se da cuenta, ¿será casualidad? Haz otra prueba, empuja, ¿se retira?, ¿se mantiene pegada a ti?, ¿ella también empuja?, tú ¿no estás jugando, muchachita?, ¿qué sientes por mí? Ahí, de nuevo, el ambicioso deseo: estar solos alguna vez, no aquí sino en la torre, no de día sino de noche, no vestidos sino desnudos, Toñita, no te separes, sigue tocándome. Y ahí, la sofocante mañana de verano, los lustrabotas, los mendigos, las vendedoras, la gente que sale de misa, La Estrella del Norte con sus hombres y sus diálogos, el algodón, las crecientes, la pachamanca del domingo y, de pronto, siente su mano que busca, que encuentra y atrapa la tuya, atención, cuidado, no la mires, no te muevas, sonríe, el algodón, las apuestas, las cacerías, la carne dura de los venados y las plagas traicioneras y, entretanto, oye su mano en la tuya, su misterioso mensaje, descifra esa voz de secretas presiones y leves pellizcos, y todo el tiempo Toñita, Toñita, Toñita. Ahora basta de dudas, mañana más temprano todavía, escóndete en la catedral y espía, escucha el minúsculo canto de la arena en las copas de los tamarindos, espera tenso, los ojos fijos en la esquina medio oculta por la glorieta y los árboles. Y ahí, de nuevo, el tiempo detenido bajo la bóveda y los arcos, las severas baldosas, las bancas despobladas, y la implacable voluntad y una fría secreción en la espalda, el brusco vacío en el estómago: el piajeno, la gallinaza, las canastas, una silueta que avanza flotando. Que no llegue nadie, que se vaya pronto, que no salga el cura y ahora, rápido, corriendo, la luz exterior, el atrio, las anchas gradas, la pista, el cuadrilátero sombreado. Abre los brazos, recíbela, mira cómo su cabeza se reclina en tu hombro, acaricia sus cabellos, límpialos de arena rubia y a la vez, cuidado, La Estrella del Norte se abrirá y aparecerá jacinto bostezando, vendrán los vecinos y los forasteros, adelántate. Nada de engaños, bésala y, mientras su rostro se acalora, no te asustes, eres bonita, yo te quiero, no vayas a llorar, siente tu boca en su mejilla y fíjate, su arrebato va pasando, su postura es otra vez dócil y así, como la superficie que cede bajo tus labios es de fragante la lluvia en el verano caluroso, así cuando el arcoiris ilumina el cielo. Y entonces róbatela: no podemos seguir así, vente conmigo, Toñita, la cuidarás, la engreirás, será feliz contigo, un tiempito y se irán lejos de Piura, vivirán a plena luz. Corre con ella, los aleros gotean arena todavía, las gentes duermen o se desperezan en sus camas, pero mira, observa el rededor, dale la mano, súbela al caballo. No la pongas nerviosa, háblale despacio: agárrate de mi cintura, fuerte, sólo un momentito. Y, de nuevo, el sol que se instala sobre la ciudad, la atmósfera templada, las calles desiertas, la furiosa urgencia y, de repente, mira cómo se prende, estruja tu camisa, cómo su cuerpo se adhiere al tuyo, mira esa llamarada en su rostro: ¿comprende?, ¿apúrate?, ¿que no nos vean?, ¿vámonos?, ¿quiero irme contigo?, tú Toñita, Toñita, ¿te das cuenta adónde vamos, para qué vamos, qué somos? Cruza el Viejo Puente y no entres a Castilla la madrugadora, sigue rápidamente los algarrobos de la orilla y ahora sí, el arenal, taconea con odio, que brinque, que galope, que sus cascos maltraten la lisa espalda del desierto y se alce una polvareda protectora. Ahí, los relinchos, la fatiga del animal, en tu cintura su brazo y a ratos el sabor de sus cabellos que el aire incrusta en tu boca. Taconea siempre, ya llegan, usa el látigo y, de nuevo, aspira el olor de esa mañana, el polvo y la loca excitación de esa mañana. Entra sin hacer ruido, cárgala, sube la angosta escalera de la torre, siente sus brazos en tu cuello como un collar vivo y ahí los ronquidos, la zozobra que separa sus labios, el destello de sus dientes, tú nadie nos ve, gente que duerme, cálmate Toñita. Dile sus nombres: la Luciérnaga, la Ranita, la Flor, la Mariposa. Más todavía: están rendidas, han bebido y hecho el amor y no nos sienten ni dirán nada, tú les explicarás, ellas comprenden las cosas. Pero sigue, cómo les dicen, habitantas. Cuéntale de la torre y del espectáculo, píntale el río, los algodonales, el pardo perfil de las distantes montañas y el relumbre de los techos de Piura al mediodía, las casas blancas de Castilla, la inmensidad del arenal y del cielo. Tú yo miraré para ti, le prestarás tus ojos, todo lo que tengo es tuyo, Toiiita. Que imagine cuando entra el río: esas serpientes delgaditas que un día de diciembre llegan reptando por el cauce, y cómo se juntan y crecen, y su color, tú verde marrón, y va engordando y estirándose. Que oiga el repique de las campanas y adivine la gente que sale a recibirlo, los churres que revientan cuetes, las mujeres que rocían mistura y serpentinas, y las faldas granates del obispo que bendice’ las aguas viajeras. Cuéntale cómo se arrodillan en el Malecón y descríbele la feria —los quioscos, los toldos, los helados, los pregones—, nómbrale a los dichosos principales que se avientan con sus caballos a la corriente y disparan al aire y también a los gallinazos y mangaches que se bañan en calzoncillos, y a los valientes que se zambullen desde el Viejo Puente. Y dile cómo el río es río ahora, y cómo día y noche pasa hacia Catacaos, espeso y sucio. También quién es Angélica Mercedes, que será su amiga, y los platos que le hará, tú los que más te guste, Toñita, picantes, chupes, secos y piqueos, y hasta clarito, pero no quiero que te emborraches. Y no olvides el arpa, tú cada noche una serenata para ti solita. Háblale al oído, siéntala en tus rodillas, no la fuerces, ten paciencia, acaríciala apenas o mejor respírala sin tocarla, sin prisa, suavemente espera que busque tus labios. Y háblale siempre, al oído, con ternura, el peso de su cuerpo es leve y de su piel mana un perfume tibio, toca los vellos de sus brazos como las cuerdas del arpa. Háblale, murmúrale, descálzala con delicadeza, besa sus pies y ahí, de nuevo, claros y morosos, sus talones, la curva de su empeine, sus pequeños dedos ligeros en tu boca, su risa fresca en la penumbra. Ríe también, ¿te hago cosquillas?, bésala todo el tiempo, ahí sus tobillos tan delgados y sus rodillas duras y redondas. Tiéndela entonces con cuidado, acomódala, y muy lentamente, muy dulcemente, abre su blusa y tócala, ¿su cuerpo se endurece?, suéltala, tócala de nuevo, y háblale, la quieres, la mimarás como a una churre, vivirás para ella, no la estrujes, no la muerdas, cíñela apenas, guía su mano hasta su falda, que ella misma la desabotone. Tú yo te ayudo, Toñita, yo te la saco, muchachita y tiéndete a su lado. Dile qué sientes, qué son sus senos, tú dos conejitos, bésalos, los quieres, los veías en sueños, en las noches entraban a la torre blancos y brincando, ibas a cogerlos y ellos escapaban, tú pero son más dulces y más vivos y ahí, la discreta penumbra, el aleteo de las cortinas, las borrosas siluetas de los objetos, y la tersura y el resplandor inmóvil de su cuerpo. Una y otra vez alísalo y dile tus rodillas son, y tus caderas son, y tus hombros son, y lo que sientes, y que la quieres, siempre que la quieres. Tú Toñita, muchachita, churre, y estréchala contra ti, ahora sí busca sus muslos, sepáralos con timidez, sé cuidadoso, sé obediente, no la apremies, bésala y retírate, vuelve a besarla, sosiégala y, mientras, siente cómo tu mano se humedece y su cuerpo se abandona y despliega, la perezosa modorra que la invade y cómo se activa su aliento y sus brazos te llaman, siente cómo la torre comienza a andar, a abrasarse, a desaparecer entre dunas calientes. Dile eres mi mujer, no llores, no te abraces a mí como si fueras a morir, dile empiezas a vivir y ahora distráela, juega con ella, seca sus mejillas, cántale, arrúllala, dile que duerma, tú seré tu almohada, Toñita, velaré tu sueño.

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