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Otra Crónica…

Esta sale mañana en el Guardián

Mi primer día de reportero

 

Raúl V. Ortiz

 

Siempre va a quedar grabado en mi
mente el primer día que inicié como reportero policíaco. Aquella mañana descubrí
que la adrenalina fluía en mi cuerpo y me gustó la sensación.

Como licenciado en letras
españolas, tenía la idea de conseguir un trabajo en el que cubriera eventos
culturales, y pudiera relacionarme con gente allegada a las letras.

Pues bien, todas esas ideas
cambiaron y hoy soy inmensamente feliz como reportero de la sección policíaca.
¡Me gusta la sangre! Dirían algunos.

Cuando empecé a trabajar como
reportero, la primera semana sólo hice notas de tipo social y en lo que
empezaba a conocer la Comarca Lagunera,
me dieron oportunidad de trabajar con cosas sencillas.

Al sexto día de mi estancia en
Torreón mi jefe me dijo, “ya es tiempo de que cubras policíaca. A partir del
Domingo entras a las 6:00 y haces base en Cruz Roja, cubres accidentes de seis
a diez, y después te voy a asignar reportajes especiales”, fueron las
instrucciones.

El día “D” llegó y tras hacer un
esfuerzo sobrehumano para levantarme, llegué a las instalaciones de Cruz Roja
para hacer base y esperar a que salieran accidentes.

Pocos minutos antes de las 9:00
de la mañana, la unidad de rescate urbano abandonó con torreta  y sirena la base y recordé que cada que la
unidad 204 se movía, significaba que había un accidente.

Al mismo tiempo recibí una
llamada de mi tocayo que me pedía que pasara por él para irnos juntos al
accidente, pues él sería mi fotógrafo.

Me encontré con mi compañero a
mediación del camino y llegamos al sitio del accidente. Justamente en el
bulevar Revolución y el cruce con la calle División del Norte.

Era un día nublado y recuerdo ver
un intenso movimiento de patrullas. Una camioneta lobo de color negra, con
vidrios polarizados y supuestamente blindada estaba partida a la mitad por el
poste del semáforo.

Recuerdo que me hice a un lado
para no entorpecer el accionar de los paramédicos que sacaban a un hombre de la
camioneta, mientras aullaba de dolor y tenía el hombro totalmente dislocado.

Mi compañero se acerco y le pidió
que resistiera, mientras los paramédicos atendían al conductor. Tres hombres
atrapados en la unidad se quejaban. El que estaba en el asiento trasero tenía
el rostro cubierto de sangre y la nariz rota.

De pronto algunos de los curiosos
y un paramédico salieron corriendo despavoridos por lo que un oficial se acercó
a la camioneta y sacó al lesionado tambaleante con una especie de “Manita de
puerco” y lo subió a la patrulla.

Se me hizo algo inhumano de parte
del Policía el que hubiera tratado así al lesionado, pero mi  perspectiva cambió cuando vi que lo había
detenido pues en su mano cargaba una pistola, que después supe no apuntó a
nadie, sino que trataba de esconderla.

Aquella mañana me tocó mi
bautismo como reportero de policíaca, y como bien me dijo mi compañero,
afortunadamente no fue de plomo…

 

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