Inicio > Sin categoría > Pinche Abril…

Pinche Abril…

Hay cosas que te rompen

 

Raúl V. Ortiz

 

No recuerdo con exactitud la
fecha, pero sí recuerdo el hecho. No recuerdo tampoco el nombre, pero recuerdo
su apodo.

Ese día que lo vi tirado sobre el
suelo, pensé: Un muerto más… Pero cuando su madre se rompió frente a él, sentí
que lo odiaba, de ahí nació mi odio hacia los suicidas.

Y no es que quiera sonar
moralista, pero creo que la vida es el mejor regalo que uno puede recibir, y
cada que me toca cubrir la nota de un suicidio, termino mi jornada de mal
humor.

La gente piensa que los
reporteros de policíaca son seres insensibles. El hecho de ver tragedias y
muertes horrendas no nos hace de palo. Somos trabajadores como todos, pero
nuestro trabajo tiene riesgos insospechados y por más que se dude, nunca
perdemos la capacidad de asombro.

Esa mañana estaba haciendo base
en Cruz Roja, cuando de repente la comandante Isabel  salió de su oficina y me dijo “Vete a la
colonia San Nicolás de los Berros, hay un ahorcado”.

Recuerdo que el camino no era
nada accesible, pues tuve que pasar por un arroyo y acceder por un camino
empinado de terracería para llegar hasta el árbol donde el jovencito yacía ya
tirado, tapado con una sábana y a los pies de su padre.

La escena reflejaba mucho dolor,
con apenas 17 años, “El Negro”, como le decían de cariño había decidido
colgarse de un viejo olmo, junto a un arroyo.

Fue su padre quien lo encontró
cuando iba para el trabajo y tras descolgarlo y ver que no tenía pulso, pidió
apoyo a una ambulancia.

El ulular de la sirena alertó a
los vecinos, que curiosos salieron a ver cuerpo del “Negro”, no faltó quien
fuera a darle parte a su madre.

A lo lejos vi a la mujer,
corriendo desesperada, ya con el llanto atorado en la garganta como previendo
que lo que encontraría no sería nada agradable.

Se arrodillo junto al cuerpo y le
quitó la sábana, sólo para ver al muchachito todo morado y con la lengua de
fuera, todavía haciendo espuma por los espasmos.

“Levántate negrito, levántate
mijito, vamos a la casa, porque tú no puedes estar muerto”, gritaba desesperada
la mujer mientras lo abofeteaba para tratar de despertarlo.

“Nada más está dormido, déjenme
con él, nada más está dormido y ahorita se va a levantar para irse conmigo a
desayunar.

Tápate mijito, aquí te traigo una
cobijita porque estás muy frío mi negrito, mete la lengua”, recuerdo todavía
los gritos desgarradores de la mujer tratando de reanimar a su niño.

Cada que recuerdo esta historia
se me pone la piel de gallina y los ojos se me humedecen. Es una sensación de
tristeza y de impotencia a la vez, pues el suicida cree que al irse los
problemas terminan, cuando en realidad deja toda una carga para una familia.

El día de hoy está bastante
ajetreado y entre las notas que nos tocó cubrir, hay dos ahorcados…

Hoy no es un buen día. Hoy no
podré sonreír sin sentir culpa por aborrecer a los que decidieron cortar de
tajo su vida.

Hoy sentiré pena por la familia
de esos dos cobardes que no quisieron enfrentar a la vida y decidieron escapar
por la puerta falsa

 

 Fotos: Raúl V. Ortiz

Esta es la crónica que publiqué hace dos días en el Guardián…


Anuncios
Categorías:Sin categoría
  1. ANABEL
    14 abril, 2009 en 19:36

    Tu eres muy fuerte Ruly, no todos tienen la capacidad de sentir el dolor. te quiero bye

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: