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Cuento de navidad…

El siguiente texto, es un ejercicio para un taller literario al que entré esta semana, van ya en el tercer ejercicio, pero este es apenas mi primera participación. La única condición es que no rebases las 300 palabras, cosa que me ha costado un huevo y la mitad del otro, además de varias horas de edición. El cuento en esta ocasión es sobre la Navidad y ya espero con ansias las críticas de los participante, he leído algunos ejercicios y la neta hay escelentes trabajos. No me considero ni por tantito buen narrador, pero hago el intento y trato de mejorar. Espero les guste.
ah por cierto, la página se llama metatextos.com. entren a www.metatextos.com y participen.
 

El regalo inesperado:

Los pequeños veían con temor su cara desfigurada, el babear constante y la dificultad al hablar. Asustados corrían a los brazos de sus madres, a pesar de que el desconocido les ofrecía bastones de caramelo.

Una semana antes, Armando caminaba entre las calles abarrotadas  del Centro. Vociferaba y maldecía por los "morosos" que dejaban las compras para el último momento. La razón de su visita; conseguir un obsequio para el intercambio de la oficina. Visitaba los bazares de oferta para encontrarlo. No estaba dispuesto a pagar un peso de más al límite de la cantidad acordada por los participantes.

Cuando la vio junto al mostrador, sintió ese calor ruborizante, culpó a la calefacción del lugar, y optó por quitarse la chamarra y la bufanda. Se abrió paso como pudo entre la gente y se acercó a la hermosa dependiente que mostraba los bolígrafos.  -Muéstrame las plumas, preciosa- arrancó una sonrisa de la mujer, y al probar la tinta sobre papel, entre flirteos y halagos, le rogó que apuntara su número.

¡Vaya triunfo! después de tantos años tendría su "nochebuena". Pagó por las plumas 49.90 y se negó a colaborar con el redondeo. A pesar de que intentaba salir de la tienda entre empujones, ya su sonrisa no sería borrada por nada. Al límite de la puerta con la mirada al cielo prometió que a partir de esa Navidad, nada lo molestaría y sería el más bondadoso del planeta. -¡Gracias Dios, por darme lo que merezco!- exclamó en voz alta mientras cruzaba la salida y sintió cómo un golpe de aire le calaba en el ojo izquierdo. Más tarde, un doctor, le diagnosticaba parálisis facial.

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