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Chamaco Chillón…

Llorar, según la RAE, se refiere a:

(Del lat. plorāre).

1. intr. Derramar lágrimas. U. t. c. tr. Llorar lágrimas de piedad.

2. intr. Manar de los ojos un líquido. Me lloran los ojos.

3. intr. Dicho de la vid al principio de la primavera: Destilar savia. U. t. c. tr.

4. tr. Sentir vivamente algo. Llorar una desgracia, la muerte de un amigo, las culpas, los pecados.

5. tr. Encarecer lástimas, adversidades o necesidades, especialmente cuando se hace importuna o interesadamente.

De las definiciones anteriores, pienso que la cuarta es la que tiene un significado más cercano, aunque de todos modos queda la definición ambigua.

Berrear, chillar, soltar las de cocodrilo, son sólo algunos de los sinónimos que utilizamos para calificar a este acto tan común en los humanos pero también sin una razón científica en concreto. ¿Por qué lloramos?

NO pienso hacer un examen concienzudo, ni mucho menos una investigación exhaustiva, sólo quiero confesar que yo soy un chillón de primera, aunque no siempre tenga la respuesta a porqué, o se justifique el que de los ojos, me emane líquido, como dice una de las definiciones.

Empecé este blog porque me llama mucho la atención que se utilice una definición de llorar en los niños como para comunicarse o dar a entender algo. Algunos son espantosamente necios y lloran por cualquier cosa. Yo la verdad, no recuerdo llorar por necedad. Aunque tendría que preguntárselo a mi madre.

Me viene a la mente una ocasión en especial, cuando estaba en la secundaria. Regresábamos de la escuela a la casa en la ruta Periférico. POr aquellos días solía juntarme con un grupo de vecinos y nos gustaba regresar en el peri, porque nos sentábamos hasta la parte de atrás, y cuando el camión pasaba un bache o un tope, el camión nos hacía despegarnos unos cuantos centímetros del asiento y prácticamente volábamos, lo que nos causaba risa, porqué, nolo sé el hecho de ver nuestras caras asustadas y de sentirnos por momentos en el aire, era de una forma, excitante, divertida. Tomamos esa costumbre durante varias semanas, hasta que ocurrió lo que me marcaría para siempre en la pubertad. Me asaltaron…

Ese día venía con Rogelio, mi vecino de al lado, a quien le apodábamos "Borges", ningún parecido con el excelente escritor argentino, sino porque le decíamos "Roge", y a un cuate, Diego, "El Niego", se le ocurrió bautizarlo así, al igual que a mí me bautizó como "Baúl". Bueno, ya habíamos pasado la etapa de los baches, cuando se subió un grupo de chundillos, de esos que lavan parabrisas. Dos lo hicieron por la puerta de adelante y tres por atrás. Por aquellas épocas estaba de moda volarse las cachuchas; la frase me tumbaron la gorra, se puso muy de moda. llegaba alguien y te arrancaba la cachucha de la cabeza para correr a toda velocidad mientras sus secuaces te detenían y te ponían una golpiza o te amenazaban con filero. El caso es que nuestra colección de cachuchas siempre permanecía guardada en casa o las usábamos sólo en ratitos. Los individuos en cuestión se sentaron dos a nuestro lado en la banca de mero atrás y  los otros tres en los asientos de enfrente, de espaldas a nosotros. Entonces nos empezaron a pedir dinero, -presta un varo carnal -dijo uno de los malandros, mientras otro se acomodaba un bulto que llevaba bajo la camisa. Sobres un varillo, No traigo carnal, de verdad, en ese momento, el Borges se para del asiento y a toda velocidad se pasa hacia los asientos de adelante, sin decir nada, me abandona ante los mutantes y se sienta muy quitado de la pena detrás del chofer. -Bueno, túmbate el reloj -en ese momento los que están adelante ya están conla vista hacia atrás y uno de ellos ocupa el lugar del Borges, me rodean. Insisten mucho hasta que uno de ellos con sonrisa maliciosa y todo y ante mis negativas, propone a sus compinches -¿Se lo quitamos? -y es cuando me asusto más, pues el que trae el bulto empieza a levantarse la camisa. Yo sin más opción, me desabrocho la correa y se los entrego, decepcionado, hago la parada al camión y me bajo del autobús, sin saber siquiera en dónde estoy. Camino cabizbajo y sin rumbo, tras de mí El Borges se baja para ver qué me hicieron, preocupado, no sé si por mí o porque no quería compartir el camión con esos vagos, yo no digo nada. Las lágrimas empiezan a rodar por mis mejillas y él me confiesa, -Yo sí traía dinero, pero no les presté porque sabía que no me lo iban a pagar.

Así continuamos en el trayecto a la casa. Caminando. Nos bajamos unas dos colonias antes, Dos colonias derramando lágrimas que no sabía en ese momento cómo describir.
Hasta un día después, que el Borges ya le contó a toda la cuadra de mi incidente, y peor aún que les contó que lloré por un insignificante reloj. Pero por suerte tuve un defensor, Alfredo a quien apodábamos el primo,y que donde quiera que esté le mando un abrazo. Él me dio la definición correcta, me dijo -Entiendo por qué lloraste, por la impotencia, porque no pudiste hacer nada, porque te dejaron solo con la bronca, yo hubiera hecho lo mismo -Sabias palabras del primo, entonces descubrí que no era un miedoso o un llorón por un reloj, de verdad, porque si el Borges les hubiera dado ese peso, quizás otra hubiera sido la historia. pero como bien dicen. El hubiera no existe…

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  1. gabriel
    18 octubre, 2007 en 11:35

    si vieras como me identifico!!! te lo dice alguien que también es un llorón de primera!!!
     
    pd. pasame tu mail para mandarte lo del cuento

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